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Portada  |  24 mayo 2019

Madres reales: el fin de la maternidad color de rosa

Confesiones de mujeres que comparten sus experiencias y sensaciones sobre uno de los roles más idealizados.

Culpa, angustia, depresión, cansancio, ansiedad, miedo. Todo lo que una madre no espera, ni quiere sentir en la que sería la etapa más hermosa de su vida, pero lo siente y pocas veces llega a comprender qué le está pasando.

“Ser madre es lo mejor que me pasó en la vida pero...". Siempre hay un “pero” y un mandato que pesa también. Desde cómo darle de comer al bebé, de cómo abrigarlo, de cómo estimularlo, de cómo y dónde darle la teta. Cada aspecto de la maternidad está plagado de preceptos que generan una suerte de manual de reglas tan invisibles como imposibles de obedecer.

"Estos ideales sociales afectan profundamente porque nos agobian, nos imponen mandatos muy altos de cumplir, porque generan mucha culpa, mucha autoexigencia y poco registro de las necesidades y lo que implica maternar”, sostiene Carolina Mora, psicóloga perinatal.

Se trata del puerperio, una instancia tan especial como única en cada madre después de parir. “Se toma como el tiempo posterior al nacimiento del bebé. No son 40 días, puede ser dos años, puede incluso ser más tiempo. Hay toda una revolución hormonal. Sobre este período se habla poco y se acompaña poco, ni a hablar a nivel laboral”, dice Sabrina Critzmann, médica pediatra

Algunas mujeres -según Mora- experimentan una “crisis vital” en la que su identidad queda en suspenso hasta poderse acomodar a su nueva identidad de madre. “Es habitual que hayan cambios de humor, aparezcan momentos de angustia, ansiedad. También hay momentos de disfrute”, agrega.

PUERPERIO Y MADRES PRIMERIZAS

Sin embargo, poco y nada se habla sobre esta etapa tan vulnerable de la maternidad. ”Nunca me habían hablado del puerperio, ni de la parte difícil de maternar. La sociedad anula eso y es necesario que se hable”, reconoce Paula De Rose, mamá de Pedro, Emilia y media mamá de Isabella.

“Yo tuve a mi primer hijo en 2002 y fueron 8 meses sin dormir. Durante todo ese tiempo me pasaron un montón de cosas que nadie me había avisado, que nadie me había contado y yo pensaba que era la única”, comparte Ingrid Beck, periodista y coautora de “Guía (inútil) para madres primerizas”.

Ese libro es una obra pionera en dar visibilidad a la figura de la madre real. “Funcionó como una suerte de manual de defensa personal para muchas mujeres”, explica.

CRIANZA EN TRIBU Y REDES

Hoy esa suerte de defensa se ramifica y se transforma en el fenómeno de la “crianza en tribu”. De esto sabe y mucho Josefina de Cabo, quien apenas fue madre se volcó a las redes sociales para compartir sus experiencias con otras mujeres que también necesitaban generar lazos de empatía y catarsis.

Lo mismo les sucedió a Vale y Lin de @CansadasconHijos. “Armamos este espacio porque no nos sentíamos identificadas con lo que estábamos leyendo en las redes”, cuentan. “Había muchas mujeres que necesitaban ser escuchadas, contención que no encontraban en otro espacio, tanto en su casa, como amistades o en las redes, entonces vieron en nosotras alguien en quien confiar”.

La cuenta de Instagram @MamaSabeBien es otro espacio de comunicación que armaron Luisina Troncoso junto a Carolina Horvath para difundir información. “Sentía que necesitaba gritársela a todo el mundo y decir: ¿cómo yo no sabía esto? ¿cómo nadie me lo contó”, sostiene Troncoso.

Para ella, hay “una falta enorme de atención en los puerperios”. “Las mujeres nos quedamos muy solas una vez que nacen nuestros hijos y necesitamos una red de contención enorme”, dice.

En algo coinciden todas, las redes sociales sirven a la maternidad. Melina Frankrajch dice que la cuenta @MuydeMamá surgió como un espacio para poder compartir sus experiencias como mamá primeriza.

“Para mí era todo muy nuevo y me di cuenta de que había muchas otras madres que estaban en la misma que yo”, sostiene sobre esa plataforma en la que da consejos y se nutre de experiencias de otras mamás. Porque de eso se trata hacer tribu.

“Una de las cosas que más me llamaron la atención y descubrí con la cuenta es la gran necesidad que tenemos de escuchar a otras mamás y no sentir que estamos solas, de no sentir que las cosas nos pasan solamente a nosotras”, dice. Y añade: “Creo que todas las mujeres que crían en tribu se sienten mejor con ellas y sus hijos”.

Hay más consenso aún sobre la transformación del idealizado “mito de la buena madre” hacia la figura de la madre real, imperfecta, que duda y que se equivoca. Critzmann sostiene que aunque siguen existiendo un montón de mandatos y aún se le exigen muchísimas cosas a las mujeres, hay algo que cambió.

“Creo que todas juntas de a poco, con información seguiremos trabajando para eliminar esta imagen de madre abnegada, sacrificada, que tiene que dar todo, que tiene que resignar todo su placer por su maternidad. Y que podamos maternar con deseo primero, reconociendo nuestros propios sentimientos y necesidades”.

Belén Criado, licenciada en obstetricia, coincide: “Creo que lo que la revolución feminista le vino a traer a la maternidad fue no sentirnos solas, no sentirnos locas, maternarnos entre nosotras, acompañarnos. Poder entender que lo que nos pasa es normal y desmitificar todo lo que nos dicen alrededor de la lactancia, de la crianza, de cómo hay que hacer esto y cómo hacer lo otro”, señala. 

Paula De Rose concluye desde la sabiduría que le da la experiencia: "La importancia es no juzgar al otro. Cada uno decide maternar y paternar como le sale, como le puede".

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