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Portada  |  15 noviembre 2019

El mito de la crianza compartida

A pesar del empoderamiento y las conquistas feministas, aún hoy son las mamás las que más se ocupan de la crianza de los hijos. ¿Por qué? ¿Qué dicen las leyes sobre las políticas de cuidado?

Cada vez son más los padres que se ocupan de llevar a los hijos al colegio, los buscan, hacen la comida, los bañan, juegan y leen un cuento antes de ir a dormir. Sin embargo, la responsabilidad de la crianza continúa recayendo principalmente en las mujeres.

“Los números muestran que la crianza compartida es todavía una excepción. En Argentina las mujeres le dedicamos el doble de tiempo a las tareas de cuidado que los varones”, señala Carolina Aulicino, especialista en Política de Primera Infancia en Unicef.

Esta concepción de que la madre es mejor cuidadora que el papá o cualquier otro integrante del entorno familiar es claramente una construcción social que está basada en características biológicas.

“Las tareas de cuidado quedan más que nada en manos de mujeres porque hay un estereotipo que se transmite a través del tiempo sobre que somos las mujeres las que tenemos las características biológicas para encargarnos del cuidado de la familia”, sostiene Lucía Cirmi Obón, economista feminista.

En ese sentido la socióloga Eleonor Faur entiende que esta construcción social, lo que hace es “asignarle una pátina moral sobre si una mujer no se encarga del cuidado sería una mala madre”.

Pero además de la construcción social e histórica sobre la responsabilidad del cuidado en la mujer, las políticas de Estado que rigen hoy en día tampoco ayudan a desconstruir este mito. 

La principal ley de contrato de trabajo que cubre a las y los trabajadores formales del sector privado sólo da: 90 días para las mujeres y apenas 2 para los hombres. La Argentina tiene el peor régimen de licencias de cuidado por nacimiento en América Latina.

“Es necesario reformar el sistema de licencias por maternidad y paternidad porque es desde esa ley que el Estado le dice a las familias argentinas cómo se imagina que se organizan los hogares en relación al cuidado”,asegura la economista Lucía Cirmi Obón.

La fórmula “hombre que trabaja y mujer que cuida” se mantiene a pesar del paso del tiempo. Según la última estadística que hizo el Indec en 2013 sobre uso de tiempo y trabajo no remunerado sostiene que las mujeres ocupadas que trabajan más de 45 horas semanales dedican al cuidado más horas que un hombre desocupado.

Con este tipo de políticas de cuidado los empresarios y empleadores prefieren varones porque son quienes al no tener casi una licencia, no se van a ir a ciudad, mientras que la mujer, si decide ser madre, en algún momento se va a tomar su licencia lo que, creen, generaría una pérdida de dinero para los empleadores.

Sin embargo, la Organización Internacional del Trabajo determinó que los costos asociados con la maternidad en la Argentina son muy bajos. ya que, esos tres meses de licencia por maternidad, no los paga el empleador y que no se computa el pago de las contribuciones patronales ni aguinaldo, por lo que la empresa puede contratar a otra persona como reemplazante sin que tener un costo monetario adicional. 

El régimen de licencias por maternidad y paternidad no sólo está desactualizado sino que ademá es deficiente ya que no contempla a familias del mismo sexo, familia adoptiva, algún tipo de modificación para bebés prematuros u otras necesidades de cuidado más allá de los inmediatamente posteriores al parto.

MADRES QUE CRIAN SOLAS

Mucho más dura es la realidad en los casos de las mujeres que, por decisión o por falta de opción, maternan solas ya que no existen políticas de Estado que las contemple. Se trata de una fracción bastante importante de la población: el 20% de los hogares son mujeres criando solas.

EL CUIDADO DEBE SER SOCIALIZADO

¿Qué debería pasar para poder aliviar a las mujeres de la responsabilidad de la crianza? Existen diferentes proyectos y propuestas que hasta el momento no lograron tratarse ni llevarse a cabo, pero no dejan de estar latentes entre quienes promueven una nueva política de cuidado. 

“Hay que socializarlo: distribuirlo entre hombres, mujeres, otras identidades y también entre hogares, servicios públicos, empresas, espacios comunitarios con el objetivo de poner el cuidado en el centro y ponerlo como un actividad importante que de hecho es una inversión a largo plazo y genera empleo; y por otro lado aliviar a las mujeres de esta carga cuando no es elegida y remunerarla cuando es elegida”, concluye Cirmi Obón.

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