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Portada  |  30 agosto 2019

Reclutan a antiguos cazadores pigmeos para frenar a los furtivos y preservar a elefantes

Se trata de rastreadores pigmeos reclutados en los pueblos de los alrededores y de guardaboques militares, para luchar contra los actuales cazadores furtivos.

Jean avanza con paso rápido pese a la maraña de ramas y raíces en busca de una pista. En el corazón de la reserva centroafricana de Dzanga-Sangha, el antiguo cazador pigmeo rastrea huellas de una elefanta.

En cuanto encuentra una se para y la estudia detenidamente. Ha decidido poner su conocimiento sobre la selva ecuatorial densa y sombría del sudoeste de la República Centroafricana al servicio de la preservación de la fauna y convertirse en guía del parque.

Este territorio situado a lo largo del río Sangha es reserva especial desde 1990. En la actualidad Dzanga-Sangha es el último santuario de elefantes y gorilas centroafricanos, diezmados en el resto del país por los cazadores furtivos.

"Pero no va a durar", lamenta Luis Arranz, encargado del parque y de la formación de estos guardias. Se trata de rastreadores pigmeos reclutados en los pueblos de los alrededores y de guardaboques militares.

Los elefantes desaparecieron del norte del país y es posible que los cazadores furtivos tomen como blanco Dzanga-Sangha, afirma el español Luis Arranz, del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), la oenegé internacional de protección del medioambiente que administra la reserva en colaboración con el gobierno.

La fauna es blanco de la caza ilegal en todo el continente: el rinoceronte por el cuerno, el elefante por el marfil, la jirafa por la piel, el pangolín por las escamas, el gorila por la carne...

El grupo de científicos que acompañan a Jean hace un inventario de los animales presentes.

Siguiendo las huellas de la elefanta llegan a un claro al que van a parar las aguas del bosque, formando una ciénaga. Un centenar de elefantes (de los aproximadamente 8.000 del bosque de Dzanga Sangha) retozan. Meten la trompa en busca de la sal. Dos machos se enfrentan, otro persigue a unos nyalas (antílopes rayados africanos).

En la otra punta del parque, el personal de una base científica estudia a los gorilas.

En medio de magnolias, Kumba, un macho de 40 años, mira de arriba abajo a los investigadores. Aunque está acostumbrado a su presencia, vela por la hembra y sus gemelos recién nacidos.

En un país en guerra civil desde 2013, la caza furtiva ha aumentado. Un informe de Ecofauna, un organismo de protección de la fauna del norte de la República Centroafricana, estima que, en 30 años, la población de los grandes mamíferos se redujo un 94%.

Las fronteras porosas permitieron numerosas incursiones de cazadores furtivos llegados de países vecinos.

"Las jirafas desaparecieron del norte, el rinoceronte también", afirma Luis Arranz, contrariado. "Hoy tampoco quedan elefantes de sabana... los cazadores furtivos acabarán viniendo aquí", teme. (AFP)

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