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Portada  |  30 junio 2020

Estudio: el coronavirus vuelve zombis a las células del cuerpo humano

investigadores tomaron imágenes microscópicas de este proceso, que describieron como “siniestro”.

Un grupo de científicos descubrió que el coronavirus “zombifica” las células humanas y hace que de ellas broten tentáculos para extenderse por todo el cuerpo.

Un estudio dirigido por la Universidad de California de San Francisco permitió que investigadores tomaran imágenes microscópicas de este proceso, que describieron como “siniestro”.

Los investigadores creen que el virus que causa la enfermedad COVID-19 usa los tentáculos para “navegar” hacia las células sanas, donde inyecta su veneno viral en ellas y crea más células zombis.

Hasta ahora, se creía que COVID infectaba como la mayoría de los otros virus, al adherirse a las células sanas y finalmente convirtiéndolas en máquinas copiadoras. Pero, en personas con sistemas inmunes saludables, el cuerpo puede combatir la mayoría del virus y evitar que se replique en grandes cantidades en el cuerpo.

El último descubrimiento parece mostrar que el coronavirus, en algún momento de su evolución, ha desarrollado un plan de respaldo para sortear al sistema inmune. El hallazgo ha sido descrito como un “salto sorprendente” en la lucha contra el coronavirus y puede abrir la puerta a una gran cantidad de nuevas opciones de tratamiento.

Nevan Krogan, profesor de farmacología celular y molecular en la Universidad de California e investigador principal, le dijo al LA Times:“Es muy siniestro que el virus use otros mecanismos para infectar otras células antes de matarlas”. Es que otros virus, incluidos el VIH y la viruela, también usan filopodia como una forma de propagar la infección a través del cuerpo.

El profesor de microbiólogos de la Universidad de Columbia, Stephen Goff, admitió que el hallazgo era “intrigante”, pero que “no necesariamente significaba que los tentáculos se estaban comportando como un segundo modo de propagación”.

Los científicos detrás del estudio, publicado en la revista Cell, creen que el descubrimiento podría abrir la puerta a nuevos tratamientos.

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