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Portada  |  18 abril 2019

Así era la increíble vista de París desde la aguja de Notre Dame

La imagen de la aguja cayendo, consumida por el fuego más implacable quedará en el recuerdo de varias generaciones. Ya nunca será la misma a pesar de que comiencen los trabajos de reconstrucción. En el año 2015 un escalador logró llegar hasta la punta y ese video muestra la "Ciudad de la luz" como nunca antes se la había visto.

Esta torre de 105 metros de altura le permitió a Martin Loyer no solo concretar su sueño de escalar uno de los monumentos más importantes de Francia, sino que desde allí arriba pudo contemplar de forma privilegiada el río Sena, las azoteas de la mayoría de los edificios de la ciudad y hasta la Torre Eiffel.

Loyer realizó un espectacular video 360 que compartió en YouTube y que en estos días cobra otro sentido al ver en el estado que quedó Notre Dame.

El incendio no terminó con todos los tesoros de la catedral, entre ellas la Santa Corona de espinas que la tradición considera que llevaba Jesucristo durante su crucifixión. Pero las llamas destruyeron dos terceras partes del entramado del techo, una maravilla de la arquitectura de madera europea, y su emblemática aguja.

En la noche del martes, el ministerio de Cultura francés informó que el gallo de cobre que estaba situado en lo más alto de la aguja fue hallado entre los escombros.

Expertos consultados coincidieron en que se necesitarán "entre 10 a 20 años como mínimo" para recuperar Notre Dame con las mismas técnicas del siglo XII, cuando empezó a ser construida.

El fuego quemó la armadura de madera del techo de más de 100 metros de longitud, conocido como "el bosque" por el gran número de vigas que hubo que utilizar para instalarlo, así como la aguja a 93 metros de altura, uno de los símbolos de París.

Las dos torres emblemáticas de la fachada se mantuvieron en pie, así como el gran rosetón del lado sur, pero las primeras imágenes del interior del templo dejan entrever un montón de escombros y vigas ennegrecidas, así como dos grandes agujeros en las bóvedas.

En cuanto se inició el incendio las autoridades pusieron en marcha una operación in extremis para "salvar todas las obras de arte" que resguardaba la catedral, visitada cada año por entre 12 y 14 millones de visitantes.

Decenas de bomberos, expertos y voluntarios hicieron una cadena humana, que implicaba un gran riesgo para sus vidas, con el fin de sacar los tesoros más importantes. Además de la Santa Corona, la túnica de San Luis, y otros objetos.

El gran órgano del templo se salvó de las llamas, aunque podría haber sufrido algunos daños.

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