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Portada  |  03 abril 2019

"Yo soy la reina": empezó a robar de chica, hizo entraderas y fue contratada por un narco para custodia

Carolina Escobedo dice que lo primero que robó fue un walkman y que desde ese día su carrera delictiva nunca se detuvo. Otra confesión en primera persona con Mauro Szeta.

Carolina Escobedo  tiene 32 años y le dicen “La Reina”. Está detenida condenada a cuatro años por tentativa de venta de estupefacientes. Lleva dos años en prisión.

Nació en Morón y se crió en Villa Tesei, su padre era colectivero y la madre ama de casa. Ella es la mayor de cinco hermanos, el hermano que le sigue, está detenido por secuestro. Los padres se separaron cuando ella tenía 8 años, su madre empezó a salir a trabajar por las penurias económicas y se empezaron a quedar solos. Ella se encargaba de cuidar a sus hermanitos.

“Cuando tenía 10 años me empecé a dar cuenta que no podía depender de nadie, estábamos solos. Me empecé a quedar con cosas ajenas cuando me di cuenta que mi vieja no podía darnos lo que queríamos. Ella trabajaba de limpieza en el supermercado y estábamos todos los días solos. Lo primero que robé fue un walkman, me acompañó mi hermano”, cuenta.

Si bien la madre no robaba, tenía amigos delincuentes que le pedían que les guardara lo robado en la casa. Ya a los 14 años iba con el hermano a robarle a la gente a la salida del mercado. “Usábamos los fierros que dejaban los amigos de mi vieja en la casa”.

Terminó el colegio en una nocturna siendo ya adulta y cuando era chica la echaron de nueve colegios porque todo el tiempo se agarraba a trompadas. Ya de más grande comenzó a hacer entraderas y manejar un grupo de gente que le respondía. Le empezaron a decir "La Reina".

“Yo era muy manipuladora, así la mujer estuviera pariendo tenían que dejar todo y venir a buscarme. Una noche mía era una semana para una persona normal. Cuando robo a mí me gusta el quilombo, nada de entrar y llevarse las cosas, yo quería gritar y pegar culatazos si hacía falta”, dice sin rodeos.

En una entradera en Castelar una mujer intentó defenderse y "La Reina" la golpeó salvajemente hasta que se desmayó. “Pensé que la había matado”, asegura. En Villa Tesei la respetan todos, “a un tranza que quiso pasarse de vivo le metí un tiro en la gamba, es que en el barrio eran todos zombies. Yo también fui adicta al crack”.

En una época también fue pirata del asfalto. “Hacía la inteligencia, porque mis compañeros eran escandalosos y asesinos, pero no eran inteligentes, y robábamos las camionetas de los cigarrillos”.

Por su historial en Villa Tesei, un capo narco la contactó para que fuera custodia de su mujer. Le pagaba entre 5000 y 9000 pesos por día, además le dio una 45 automática. Con el paso del tiempo, empezó a ser la persona de mayor confianza del narcotraficante y comenzó a ir con él.

“Siempre nos movíamos en tres autos. Adelante iban los soplones que nos decían dónde estaba la policía, en el segundo íbamos nosotros que éramos los que teníamos la droga y los fierros y el tercero era el legal, era el que chocaba al patrullero si había una persecución, tenía todo en blanco y no parecía que tuviera nada que ver con nosotros”, recuerda y dice que esta estrategia se le ocurrió a ella.

En esta época también empezaron a ajustar a las cocinas de droga del conurbano que le debían plata al narco. “Es que a mí no me temblaba el pulso”. Una vez en una quinta de General Rodríguez dice que ejecutaron al dueño de la cocina delante de ella y se llevaron toda la droga. Como parte de pago su jefe le dio medio kilo de cocaína que repartió entre sus amigos del barrio para que vendieran.

Tiene tres hijas que viven con su madre. Carolina no soporta la cumbia y tiene un tatuaje del Gauchito Gil en el brazo derecho. Cuando cayó detenida por esta intentó fugarse de la comisaría, logró salir, pero la agarraron al poco tiempo. De la bronca se cortó los brazos. En la cárcel se peleó y robó a otras internas.

“Estoy arrepentida de estar acá adentro, pero no de mi pasado delictivo. Yo voy a salir de acá y voy a seguir siendo La Reina”.

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