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Informes Especiales

Portada  |  03 julio 2019

"Yo soy el rey de la estafa": una nueva confesión con Mauro Szeta

Tiene 58 años, era carnicero y relata cómo empezó en el mundo del delito.

Patricio Villa Huergo tiene 58 años y está detenido hace seis meses en la U21 de Campana, está procesado por robo automotor. Él asegura ser inocente.

Se crió en San Miguel, en una casa de clase media conformada por un padre que trabajaba repartiendo carne, su madre ama de casa y tres hermanos, de quienes él es el menor.

Patricio fue a la escuela, pero sólo hizo el primario; su futuro estaría relacionado a la carne, pero él no repartiría, haría los cortes de las reses.

Con el tiempo se transformó en carnicero y creía que su vida sería estar frente del mostrador de la carnicería, pero todo cambió. Según sus propias palabras fue una mujer que lo llevó al delito.

Comenzó a formar parte de un grupo que se encargaba de realizar estafas en cajeros bancarios combinando la tecnología de trabar las tarjetas con el cuento del tío.

Patricio era el encargado de sacarle los datos necesarios para después usar los plásticos a su antojo. A las víctimas las agarraban entre las 21hs y la medianoche, en el horario que ya nadie va a los cajeros. No usaban la fuerza, “sólo astucia”, en sus propias palabras.

Con el tiempo se abrió y empezó a hacerlo sólo. “Yo me empilchaba como si fuera un gerente de banco, además me ponía los mejores perfumes. Cuando yo entraba, vos estabas en un cajero desesperado porque no podías sacar la tarjeta”, relata.

Y sigue: “Yo me ponía en el cajero de al lado y simulaba estar haciendo una transacción. En algún momento, en medio de tu desesperación, me vas a pedir algún tipo de ayuda y ahí era tu perdición. Yo lograba que confiaras de tal manera en mí que me dabas hasta la clave, si no veía cómo la ponías. Vos te ibas a tu casa sin poder sacar el plástico, con la esperanza de que al otro día te la diera el banco, y yo salía junto con vos. Cuando desaparecías, yo volvía, destrababa el cajeo y me llevaba la tarjeta. Sacaba el tope antes de la medianoche y cuando se hacían las doce de la noche volvía y sacaba el tope una vez más. En el medio usaba el débito en locales, hacía un desastre, era mejor que te agarre un tren a que te agarre Patricio con la tarjeta”.

Este tipo de modalidad la hizo durante tres años, entre 2005 y 2008. “Yo hacía los laburos en Palermo, Recoleta y Puerto Madero; donde están los que tienen guita. Los delitos los hacíamos de jueves a domingo, porque es más fácil. La primera vez que caí detenido fue en Callao y Las Heras, ahí estuve un día detenido, me soltaron porque es excarcelable y no tenía antecedentes”, cuenta.

En 2006 logró su record en una estafa, le llegó a sacar 200 mil pesos a un italiano. Sin embargo, al poco tiempo quedó detenido por otro hecho similar y tuvo que pasar ocho meses en Devoto por defraudación y estafa bancaria. “Yo pasé de ganar de 300 pesos en la carnicería a casi 10 mil pesos diarios con las estafas, ¿a vos te parece que me arrepiento de algo de todo eso? Yo ya pagué por eso, lo dejé de hacer”, se justifica.

Luego de tres matrimonios, quiso dejar su modus operandi atrás y decidió dedicarse a la venta de autos. Su detención actual dice que es por un malentendido en una transacción. Asegura ser inocente. “Ya te habrás dado cuenta que yo no tengo nada que ver con la cárcel, no tengo un solo tatuaje. Yo tengo clase”, concluye sonriendo.

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