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Portada  |  29 mayo 2019

"Yo robaba por odio": otra confesión con Mauro Szeta

Fue condenado por robo agravado por el uso de arma blanca. Desde la cárcel cuenta su historia de vida y dice que se arrepiente de su pasado.

MAURO ALEJANDRO VITTA DE PRETTA (21 AÑOS). Condenado por robo agravado por el uso de arma blanca. Le dieron 5 años, lleva detenido 3 años y 5 meses. Nació y creció en el KM 43 de La Matanza, lo que se conoce como barrio Oro Azul. El padre era delincuente, dice recordarlo más en prisión que afuera, y su madre estaba completamente ausente. Lo crió su abuela paterna, junto a sus tres hermanos menores, él era el mayor.

No tiene documentos, se considera a sí mismo un NN, dice por esta situación hizo la escuela hasta los 14 años, pero no tiene ningún comprobante del primario.

“Yo trabajaba y robaba, hacía changas como albañil o en una gomería y a la noche robaba. Lo hacía para que tuvieran una imagen de que era trabajador; pero a mí me gustaba robar, me gustaba esa adrenalina”, cuenta.

Desde chico se inclinó por las artes marciales: Taekwondo, Muay Thai y Judo. Esas técnicas de defensa y combate las usaba para desmayar y robar. “Siempre me peleé con seis o siete a la vez, nunca tuve problema para pelear, buscaba problemas a propósito. Nunca le tuve miedo a la muerte, la verdad que por mi situación tenía más ganas de morir que otra cosa. Hubiera deseado no haber nacido, nunca tuve nada y son me cagué de hambre porque estaba mi abuela”, asegura.

“La primera vez que fui a robar, me junté con un grupo de pibes y con un arma robada hicimos un rally (por raid) delictivo. Robamos una casa de deportes, una de motos y un par de locales más; debuté con varios hechos a la vez. La moto que robé me la llevé y ni siquiera sabía cómo funcionaba, la terminé dejando tirada”, dice con cierta jactancia.

En el barrio en el que vivía era conocido por su bravura. “Yo en el barrio tenía varios a los que usaba como mulos para que me fueran a comprar falopa”, para esa altura Mauro tomaba cocaína y se había vuelto adicto a las pastillas.

Hacía “escruches” y no llevaba armas. “Mirábamos la casa que nos gustaba y dejábamos un folleto en la puerta, si el folleto desaparecía quería decir que había gente, si seguía ahí quería decir que no había nadie, ahí entrábamos. Siempre llevábamos guantes, todo lo que tocaba lo dejaba en su lugar para que no se dieran cuenta que habíamos robado, llegué a encontrar treinta mil pesos de esta forma, generalmente la plata estaba en las medias o en el ropero”, recuerda.

A Mauro lo que más le gustaba era robar solo, aunque usaba armas dice no haberse tiroteado nunca con la policía. “Yo los ponía a los transas. Ahora estoy detenido por robarle a una mina que le llevaba la falopa de un transa: la seguí, subí al bondi con ella y ahí le manoteé la mochila”, salió corriendo, pero lo capturó la policía a las tres cuadras, dentro de la mochila tenía tres kilos de cocaína y envoltorios de paco. Esos “trabajos” se los pasaba gente de confianza que le marcaban a los vendedores de droga a los que podía robar.

En la cárcel se peleó varias veces contra varios a la vez, en la Unidad 57 está hace dos semanas. “Yo si está en riesgo mi vida no tengo drama de degollar ni matar, o vivo yo o viven ellos”.

Aunque por su relato pareciera estar más allá del bien y del mal, dice estar arrepentido de todo su pasado delictivo. Ahora en Campana trabaja y estudia, tiene la esperanza de modificar su vida cuando salga.

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