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Portada Informes Especiales  |  13 septiembre 2018

"Yo hacía secuestros exprés"

Una nueva confesión en primera persona de la mano de Mauro Szeta.

Franco Martín Adauto, de 37 años, estuvo en total 18 años preso. Está detenido en la Unidad 23 de Florencio Varela y tiene causas por piratería del asfalto, secuestro y robo, tres en total. El año que viene cumpliría su condena.

Se crió en Villa Diamante y cuando era chico vendía empanadas en la calle. Nunca había robado hasta los 18 años. “La vida de vendedor ambulante es dura, trabajaba todo el día y nunca tenía nada, siempre me tenía que pelear con otros vendedores por el lugar de venta, hasta que me cansé”, dice ahora.

Así comenzó su carrera delictiva que no paró hasta hoy que se convirtió al cristianismo y se enorgullece de nunca haber matado a nadie y de nunca drogarse.

En la calle conoció un grupo de peruanos que habían tomado el edificio de Av. Corrientes 1132, a metros del Obelisco, y empezó a robar con ellos. Al poco tiempo se alejó de los peruanos, tomó el edifico y comenzó a alquilar y regalar los departamentos a otros delincuentes. “La visión que tuve era que teníamos el Banco Nación en la esquina y podíamos hacer un túnel que pasara por abajo del restaurante Arturito y robarlo”, recuerda.

El espectacular robo no pudo realizarse porque el grupo GEOF con 160 miembros decidieron ingresar al edificio para detenerlo por un secuestro. Años después compartió cárcel con Vitette quien le dijo que había pensado el mismo robo y lo felicitó.

La primera vez que realizó un secuestro fue al "voleo" con un joyero que caminaba por la cancha de River. El resto de sus cómplices querían quedarse sólo con la plata  y él decidió sacarle plata a la familia, le puso dos curitas en los ojos y unos auriculares con música a todo volumen y lo metió dentro de la villa. Llamó desde un teléfono público a los contactos que la víctima tenía en su celular y le terminó pidiendo a la familia más de 200 mil pesos. Esa plata le volaba de las manos, la gastaba en los boliches junto a sus amigos.

La segunda vez fue a un drogadicto de clase alta que entró al edifico de Av. Corrientes a comprar droga. Estaba completamente perdido y cuando lo vio pasar por la puerta de su departamento se dio cuenta que era una gran oportunidad.

Entonces lo agarró del cuello y lo metió adentro de su casa, lo ató a una silla y comenzaron los llamados extorsivos a su padre que vivía en Miami. Al rato aparecieron los 15 mil dólares. Al ver que era fácil le siguieron pidiendo plata por la vida del hijo hasta que hombre pensó que el hijo lo estaba engañando una vez más. “Cuando se nos cortó el chorro en Miami le metimos un par de piñas y lo dejamos ir”, dice. La víctima hizo la denuncia y dejó el edificio que estaba ocupando. “Lo gracioso es que ahí no me agarraron, me fui con mis hijos entre medio de los policías y no me agarraron”.

Entre los secuestros que hizo entre el 2004 y el 2005, cinco fueron exitosos y otros varios tuvo que descartar. Tvo una banda que se dedicó al robo de bancos y que los medios llamaron “La banda del minuto” por el tiempo exacto que les llevaba el robo. 

En 2014 salió en libertad y quiso volver a tener el mismo nivel de vida de antes, volvió a robar y a los dos meses cayó de vuelta en prisión. Se tiroteó varias veces con la policía y cuenta, también, que compartió pabellón con el asesino de Candela. Dice que esta rehabilitado gracias a su fe evangélica.

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