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Informes Especiales

Portada  |  09 enero 2019

"Yo era motochorro", una nueva confesión con Mauro Szeta

Fabio Nicolás Morone tiene 23 años está procesado por robo calificado y se encuentra detenido desde 2017. Habló con Mauro Szeta sobre su vida y cómo llegó al camino delictivo.

Fabio nació en el barrio Libertador, en San Martín. Se crió junto a 10 hermanos y su madre. Su padre era borracho y drogadicto, golpeaba ferozmente a su mujer.

Sus hermanos nunca robaron, su madre les enseñó a no hacerlo pero él hizo todo lo contrario. La delincuencia vino del lado paterno: tanto su padre, como su abuelo y su tío eran piratas del asfalto.

Al padre lo mataron en plena calle cuando él tenía 8 años, lo asesinó el marido de una mujer con la que tenía una relación paralela. Recuerda haber ido a ver al padre durante la internación y alegrarse de que estuviera malherido.

Estando en el colegio primario era muy violento, llegó a golpear a profesores y maestras; y siempre se enfrentaba con alumnos de la escuela mucho más grandes que él.

En el barrio le decían “Borda”, en clara alusión a sus ataques de ira. Empezó a robar a los 12 años. La modalidad con la que empezó fue motochorro, él era el que se encargaba de mostrar el arma. “La primera vez que salí a robar con la moto estaba lleno de odio”, asegura.

Llegó a robar dos o tres veces por semana, “afanaba por la adrenalina”, dice con la mirada fría. Mientras tanto iba consiguiendo trabajos esporádicos que dice no le rendían económicamente. El día de la última detención había asaltado a una pareja con la modalidad entradera.

“Soy tranquilo, no le tengo miedo a la muerte. Yo no tomo alcohol ni me drogo, sé muy bien lo que hago. Cuando sabes lo que haces no tenes que tener miedo, si tenes miedo no vayas”, dice sin inmutarse.

Asegura no haber lastimado a nadie ni haberse tiroteado con la policía. “Yo agradecía a la víctima después de haberle robado”.

En el 2013 cayó detenido también por robo calificado, tenía 18 años y se fue a los tres meses. La madre ahí le prometió que era la útima vez que lo visitaba estando detenido, y cumplió. Hoy en día no ve a ninguno de sus familiares, la única que lo visita es la madre de su hijo.

Fabio no está arrepentido de su pasado delictivo.

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