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Portada  |  27 noviembre 2019

"Yo, de tal palo a tal astilla", otra cofesión con Mauro Szeta

Mauro Szeta fue a conocer a Lucho. Un joven de 32 años con una historia delictiva centrada en el robo pero que conoce los códigos de otros ilícitos ya que pertenece a una familia que se dedica al narcotráfico.

José Luis Vargas Leguizamón, alias "Lucho” tiene 32 años. Fue condenado a tres años y cinco meses de prisión en juicio abreviado por robo agravado. Tiene cinco causas anteriores por robo.

Nació y se crio en Villa Mauricio en Monte Chingolo, partido de Lanús. Creció con su madre, su padrastro y 15 hermanos, él es el mayor; todos dedicados al narcotráfico, salvo él. Lucho fue el único que se dedicó a robar. Sus padres, dos de sus hermanas y él están detenidos.

De chico lo echaron del jardín de infantes por mal comportamiento, terminó la primaria y luego le faltaron sólo dos materias para terminar el polimodal. “Yo desde chico sé que mis padres eran narcos, vendían cocaína y marihuana. El barrio lo manejaba mi vieja”, cuenta José. Los Vargas son conocidos en Lanús.

A los 5 años encontró droga por primera vez en la casa y un par de años después le preguntó a su mamá si ella vendía y ella le respondió que sí. Él quiso diferenciarse y por eso dice que empezó a robar a los 11 años.

Los primeros robos fueron a sus maestras en el colegio, él esperaba que estuvieran desprevenidas, les abría la cartera y les sacaba la billetera. Luego robó la plata de la cooperativa y en otra ocasión rompió la puerta del kiosko y lo saqueó.

Poco tiempo después comenzaría a robar armado. El primer objetivo fue un almacén, el dueño no quiso darle la plata y le disparó en la rodilla. A partir de ahí decidió dejar de usar arma de fuego. “A los que me cruzaba les arrancaba el cuchillo, si no me daban la plata los lastimaba. Agarraba pibitos que salían de las escuelas privadas. Yo era maldito en la calle, a uno lo apuñalé en la garganta no sé si lo maté”, asegura con cierta jactancia.

“Yo veía algo que me gustaba y no paraba hasta tenerlo. No sé qué soy capaz de hacer por un reloj o una pulserita. Yo robaba con cuchillo porque sabía que se me salía la cadena y con un fierro podía llegar a hacer un desastre”, dice. A los 16 años mató por venganza, le dio un tiro en el pecho a uno que se quedó con una parte de él después de un robo.

“Lo peor que hice es robarle a mi familia. Yo le sacaba la droga y la plata. Yo era drogadicto, empecé a fumar pasta base a los 19 años; igualmente siempre estuve consciente de lo que hacía”, recuerda.

Hizo entraderas, escruches y más. “A mí me gustaba robarle a los cagadores, una vez a uno que hacia la estafa con las pelotitas en la calle le entré en la casa y le robé 7 mil pesos; esa es gente que no sirve para nada”, dice Lucho justificando su accionar.

“En las comisarías siempre tuve bardo por ser un Vargas. Me pegaban porque mi familia era narco. Cada vez que caigo preso sé que me espera un bondi, entro sabiendo que voy a tener que arrancar una faca”, cuenta. En su cabeza y en el cuerpo lleva varias heridas.

Una vez golpeó a un defensor oficial por considerar que no lo estaban defendiendo como correspondía.

Dice no estar arrepentido de nada y que sólo le pediría perdón a su familia por todo lo que les hizo. “Si mi familia deja de vender droga, yo dejo de robar; quiero que se dejen de romper las bolas con la falopa”, asegura.

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