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Informes Especiales

Portada  |  02 julio 2019

Prestamistas en tiempos de crisis

Traen la solución desesperada, pero acosan, amenazan y hasta golpean si no les pagas. Informe con Nacho Girón.

"Siempre existieron, pero cada vez hay mas", dice nuestro entrevistado, de quien no vamos a revelar la identidad por seguridad. "Hoy muchas personas que tienen trabajo en blanco dan prestamos, el negocio es redondo", agrega.

En los barrios más marginales del conurbano, donde hay personas que no tienen un empleo en blanco, que no cuentan con un ingreso mensual registrado, y que tampoco pueden acceder a un préstamo legal, en blanco, con todas las seguridades que el tema requiere, existen los prestamistas barriales.

Frente a esta situación de crisis y a la necesidad de conseguir dinero para algún imprevisto o simplemente para llegar a fin de mes, los prestamistas aprovechan para lucrar.

En este sistema no hay un registro, no se firma nada, tampoco se rige por una ley determinada. Solo hay que saber quién es el prestamista del barrio, conseguir la dirección y pedir la plata, que es entregada en ese mismo momento y donde solo basta la palabra y el apretón de manos para asegurarse que será devuelta.

"Cada día hay mas gente que pide prestamos, pero después hay que pagarlos". El problema es que no todos pueden pagar. Se establece una fecha de pago, como con cualquier deuda, pero pasada esa fecha los prestamistas necesitan cobrar y todo se pone difícil.

Panchi vive en un barrio muy humilde desde hace pocos años. Años atrás vivía en otro lado, pero tuvo un entredicho con la gente que prestaba dinero y fueron a buscarlo varias veces para pagar. La ultima, lo cruzaron en la calle, con una navaja le hirieron el brazo y ya no pudo volver ahí por seguridad propia y de su familia.

No estamos hablando de una gran suma, eran $ 5.000 y tenía que devolver $10.000 al mes siguiente. De este tipo hay otras miles de historias que relatan la misma situación: primero amenazas, después se llevan algún electrodoméstico para recuperar una parte del dinero y la tercera vez ya se usa la violencia física.

El círculo es perverso, muchas veces al no poder pagar el préstamo solicitado deben pedir otro a otro prestamista para poder pagar el primero y así se entre en un sistema del que es muy difícil salir. Todos lo saben, pero la necesidad o la urgencia de tener dinero en efectivo es mayor.

"Muchas veces hasta usan armas. Me ha pasado que entramos a una casa, llevaron a los chicos a la habitación y amenazaron con disparar para asustar al deudor" confirma el entrevistado.

No todos tienen mucho dinero, algunos prestan poco, pero la ganancia es bastante, entre un 100 % y un 200% al mes. Algunos cobran el interés por semana y si no se devuelve en el momento acordado empiezan a correr los intereses que el prestamista crea, un negocio redondo, solo para algunos.

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