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Informes Especiales

Portada  |  15 octubre 2020

Marcas: la difícil prueba de Ernesto Rejala

Rejala siempre estuvo expuesto al riesgo, pero un accidente doméstico le cambió la vida.

Ernesto Rejala tiene 51 años, desde joven corría en snowboard y en moto. Además, con autos en categorías zonales. De manera que siempre estuvo expuesto al riesgo de sufrir un accidente que le costara, al menos, interrumpir sus actividades deportivas. Su vida la alternaba entre las carreras y el trabajo en su empresa de rectificación de motores.

Ernesto se casó con la madre de su hijo, luego de un noviazgo de 7 años. El 13 de diciembre del 2015 llevaban 8 de casados y un hijo de 8 años. Ese día, él estaba en su casa, en la pileta jugando con el nene, cuando una pelota se le fue a la terraza. Rejala, con ojotas mojadas, subió a buscarla, vio el cielo oscuro, una inminente tormenta, y comenzó a sacar hojas secas que tapaban la rejilla del desagüe. El calzado acuoso, el piso brilloso de la azotea y el apuro, hicieron que su cuerpo se deslizara involuntariamente hacia atrás. Nada lo contuvo.

Tras ser operado lleva una gran marca en su espalda y una silla de ruedas. Estuvo internado en la Clínica San Juan de Dios durante un año. A los 5 meses de la internación la madre de su hijo le dijo que se separaba, que no quería vivir con él en esas condiciones.

La rehabilitación fue lenta y constante, el accidente doméstico lo marcó a Ernesto: ahora enseña a chicos de los barrios populares "Inyección electrónica" y da taller de inclusión social. Además, sostiene su empresa familiar.

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