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Portada Informes Especiales  |  13 septiembre 2018

La vida después del hogar

Historias de miles de chicos retirados de sus casas que cuando llegan a los 18 años deben buscar una vida nueva.

En la Argentina hay 683 hogares que están financiados por el Estado, donde viven alrededor de 15.000 niños que, por cuestiones de violencia, abusos o conflictos familiares, la Justicia decidió apartarlos de su familia.

Son hogares con reglas de convivencia y horarios establecidos, donde todos comparten su vida diaria con chicos de su misma edad. Las llamadas telefónicas tienen determinado horario, la heladera se cierra con candado cuando no es momento de comer y los teléfonos celulares no se permiten mientras están adentro de la institución.

Se trata de miles de chicos que, por algún motivo fueron retirados de sus casas y que cuando llegan a los 18 años deben dejar el hogar y buscar una vida nueva, afuera, por supuesto, como si fueran adultos responsables de sus propias vidas y sin ningún acompañamiento.

En muchos casos no tienen un lugar para vivir y deben volver al lugar de donde alguna vez los sacaron. Al salir muchos quedan en situación de calle y si tuvieron suerte y consiguen algún trabajo, pueden alquilar alguna habitación en una pensión.

HISTORIAS Y REALIDADES

Tatiana vivió cuatro años en un hogar, a los 18 salió, volvió con su mamá, pero después de un tiempo empezó a recorrer casa de amigas con un bolsito donde llevaba las pocas cosas que tenía. Así pasó un tiempo hasta que pudo conseguir un trabajo.

"Yo iba a las entrevistas y cuando me preguntaban donde vivía y decía en un hogar, se quedaban con eso y me preguntaban qué había pasado con mi mamá, porque estaba ahí, no importaba que yo sea bilingüe, que haya hecho muchos cursos o que esté bien vestida y haya llegado a horario. Entonces empecé a decir que vivía con mi mamá, mi papá, que tenía dos hermanos, perro y gato y recién ahí conseguía el trabajo", relata.

Salir del hogar para ella no fue fácil, pero encontró ayuda y gracias ello hoy estudia en la universidad y tiene un buen trabajo.

Yamila entró al hogar de madres con 16 años y sus dos hijas, pero no quería estar ahí. Un día juntó todas sus cosas y se fue, volvió a la casa de los padres, pero sintió un retroceso y a las pocas semanas volvió al hogar.

Hubo otra salida, esta vez más preparada, gracias a varias organizaciones que la apoyaron. "Esta vez fue distinto, acompañada es más fácil", recuerda.

Quequi también vivió en un hogar, su salida fue sola y ahora a través de Doncel, ayuda a que otros chicos puedan planificar su egreso y los acompaña emocionalmente. Es la coordinadora de la Guía de Egreso, en esta ONG y en este programa puntualmente los ayudan a armar un CV, los contactan con empresas, los ayudan a hacer trámites y otras cuestiones de la vida cotidiana para que el día que cumplan 18 años no todo se convierta en un mar de dudas sin salida.

Lil está por cumplir 18 años, a fin de año termina el secundario y se tiene que ir del hogar donde vive hace dos años. Dice que le gustaría estudiar psicología, pero es una carrera muy larga y no quiere perder tiempo, por eso decidió hacer la carrera de instrumentadora quirúrgica.

También había pensado en vivir en un departamento, pero su realidad no se lo permite, por eso buscará alguna pensión estudiantil. Junto con sus referentes que acompañan en este proceso, vienen haciendo un plan desde hace un año para que ese día todo esté bajo control.

Todos estos ejemplos y muchos más tienen el acompañamiento de Doncel, pero muchos otros no tienen a nadie. El año pasado se sancionó una ley que fue aprobada en las dos cámaras por unanimidad.

La ley de Egreso Asistido establece dos cuestiones fundamentales: un referente que los acompañe desde el costado emocional y una ayuda económica hasta los 21 años para pagar la vivienda y la comida. Esta ley todavía no está reglamentada y cada día que pasa ellos se siguen preguntando cuándo llegará el momento en el que no tengan que preocuparse por ese día.

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