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Portada Informes Especiales  |  11 octubre 2018

Escenarios: cómo está hoy el tren de la corrupción

En el día de la sentencia contra Julio De Vido por la tragedia de Once, Telefe Noticias con Nacho Girón encontró y recorrió uno de los vagones que fueron escenario del choque. El frente destruido, caños doblados y asientos salidos de sus lugares se pueden ver en el vagón del Chapa 16 que protagonizó el episodio dónde murieron 51 personas.

Por Nacho Girón | @nachogiron

Los hierros retorcidos y oxidados del tren que alguna vez circuló con dificultad por los rieles del Ferrocarril Sarmiento se agolpan unos contra otros, formando una penosa masa amorfa que hoy sólo podría ser usada como chatarra. A un costado, asientos deformados y apilados yacen tan inertes como todos los fierros que hay alrededor. Unos metros más allá, cientos de pequeños pedazos de vidrios se esparcen por el suelo y se mezclan con papeles, tubos, tornillos y mugre. Son los restos del “Chapa 16”, la formación que el 22 de febrero de 2012 a las 8:33 de la mañana se incrustó contra el paragolpes del andén 2 de la estación terminal de Once.

“Acá adentro murieron 51 personas, una de las cuales estaba embarazada”, reflexiona un técnico ferroviario que observa la escena con rostro serio. El comentario es obvio, pero esas palabras soltadas justo en ese contexto tienen una potencia arrolladora. Ahí mismo, con las huellas de la tragedia presentes en cada rincón, el resto de los presentes pueden (podemos) imaginar lo que habrán sufrido los 789 seres humanos que no viajaban como seres humanos sino como animales y terminaron con heridas de variada gravedad; los gritos, la asfixia, el dolor de una pierna quebrada. Ahora, seis años y casi ocho meses después de todo aquello, reina el silencio en esos vagones malditos.

El equipo de investigaciones especiales de Telefe Noticias logró encontrar y registrar por primera vez después del accidente lo que quedó del tren de Once. Son ocho vagones corroídos por el choque y por el paso del tiempo, abandonados en un taller del barrio porteño de Liniers. Es el Chapa 16 prácticamente completo; sólo falta el primero de los vagones (aquel desde donde conducía el motorman Marcos Córdoba), custodiado por una fuerza federal en un galpón del oeste del Conurbano.

El "Chapa 16", o en rigor la formación 3772 del Ferrocarril Sarmiento, es en realidad un rejunte de nueve coches que venían de trenes previamente desarmados: los 2149, 2618, 2108, 1787, 2125, 1040, 1808 y 2160, números que todavía pueden leerse a los costados de cada vagón.

Estos trenes Toshiba, que llegaron a la Argentina provenientes de Japón en el año 1962, fueron usados hasta el hartazgo en los rieles porteños y bonaerenses aún cuando sus propios fabricantes recomendaban convertirlos en piezas de museo. Vale citar sólo una de numerosas falencias: durante el primero de los juicios por la tragedia de Once, quedó comprobado que esa formación funcionaba con dos compresores menos de los ocho que debía tener. 

Otro dato que duele: los materiales con los que fueron construidos los vagones estaban podridos internamente desde hacía tiempo y es por eso que unos se encastraron en los otros, provocando la muerte instantánea de decenas de pasajeros. Eso explica por qué para la Justicia federal el "Chapa 16" se terminó convirtiendo en “el tren de la corrupción”, una formación ferroviaria que hoy está abandonada a la intemperie pero que guardará por siempre las imágenes imborrables de todo lo que está mal en la República Argentina. 

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