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Informes Especiales

 |  26 noviembre 2019

Dobles de por vida

Eran hombres y mujeres comunes hasta que su vida dio un vuelco y empezaron a reconocerlos como los dobles de personajes famosos. Sus evocaciones se apropiaron de su propia vida hasta transformarla por completo. ¿Cómo viven los entornos esta transformación?¿se puede dejar el personaje de lado? ¿qué pasa con los hijos? ¿cómo es vivir con otra identidad la propia vida?

Esta es la historia de Sandra, Juan Carlos y Gustavo, que hacen su propio homenaje a Madonna, Sandro e Iron Man respectivamente. Para todos ellos, los personajes que evocan les salvó la vida.

Sandra Amato vivió toda su vida en Lomas del Mirador, hija de padres inmigrantes italianos, comenzó a amar a Madonna desde muy chica. “A mí me gustaba como bailaba y sus collares; la década del 80 para mí fue determinante”, aclara.

Tuvo parejas, estuvo casada, se divorció y tuvo un hijo a quien le pagó sus estudios a través de los shows. Para ella Madonna es su vida, se levanta y respira como la reina del pop estadounidense. Su look está asociado a la Madonna de los 80s y en su propio barrio la reconocen como “La Madonna de Lomas del Mirador”. Su amigo de toda la vida, Aldo, cuenta que Sandra desde muy chica tiene esta fascinación y que en las calles de La Matanza la gente la saluda con mucho afecto.

Juan Carlos Andrizzi lleva más de cinco décadas dedicando su vida a la evocación de Sandro, sin embargo hasta los 18 años era vendedor ambulante y jugaba al fútbol. Fue el propio Sandro que vio en él a su imitador y lo eligió, “me acuerdo que gané haciendo su imitación en el programa de Roberto Galán y Sandro me vio e hizo que me llamaran”.

Empezó a recorrer cantinas de La Boca haciendo las imitaciones y de allí comenzaron los shows particulares y sus participaciones en la televisión. “Yo como Juan Carlos no fui nada, a mí Sandro me salvó la vida; yo estoy las 24hs. viviendo como Sandro”, asegura.

Su mujer, quien falleció el año pasado, le pedía que dejara a Sandro por unos minutos y él no podía “yo no quería ser Juan Carlos, yo quiero vivir la vida como el Maestro”.

Su hija Rita de chica recuerda que hasta los cuatro años creía que su padre era Sandro, hasta que pudo entender. “Mi papá iba al colegio como Sandro, es que la ropa que tiene y que le gusta es la de su ídolo, pero yo me moría de vergüenza y le pedí que no viniera más; otra cosa que pasaba era que íbamos a la playa y venía con jeans y camisa como la de Sandro y yo me enojaba. Ahora de más grande siento orgullo por él, es un gran padre, me pagó todos los estudios (es licenciada en comercio exterior) y siempre estuvo conmigo cuando lo necesité”, dice entre lágrimas. En el barrio todos lo reconocen y cuando se lo cruzan le piden alguna canción.

Gustavo Loiácono era un empresario metalúrgico hasta que tuvo que cerrar su fábrica por motivos económicos y reinventarse hace siete años atrás, pero en vez de rearmarse en el mismo rubro decidió dar un vuelco a su vida y dedicarse a las animaciones y shows para chicos, vio en Iron Man una posibilidad y diseñó su propio traje.

Con el tiempo empezó a darse cuenta que tenía un parecido físico con Robert Downey Jr en esa película empezó a asemejar su look al de Tony Stark. Con el tiempo aparecieron fundaciones que lo invitaban a visitar a los chicos internados en los hospitales y a realizar eventos solidarios; diariamente envía saludos motivaciones para chicos que están atravesando situaciones complicadas.

Tiene dos hijos, de 10 y 18 años, que vivieron la transformación de su padre. “Para mí es mi viejo, pero cada vez que vamos al supermecado escucho que cuchichean o nos piden fotos, la verdad que hoy es igual. A veces me pasa que me repite frases de la película y ahí le digo ´pará un poco´”, cuenta Tomás el mayor.

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