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Informes Especiales

Portada  |  29 junio 2020

COVID-19: ¿qué pasó el viernes negro?

Ese día podríamos haber condenado a muerte a millones de argentinos, de los más vulnerables. El viernes que confirmamos que Dios es argentino.

Pasaron 100 días. Pasamos días de incertidumbre y cambios, pero también días de descontrol en los que sufrimos las consecuencias de decisiones políticas irresponsables.

Hoy, Telefe noticias te cuenta qué pasó realmente el viernes 3 de abril, fecha en la que abrieron las sucursales bancarias para el pago de jubilaciones y determinados planes sociales. Fue el viernes negro.

Debemos remitirnos al 20 de marzo, cuando empezó a regir la cuarentena. Ese día los bancos cerraron, los empleados bancarios no eran considerados como trabajadores esenciales. Fueron cientos de miles los jubilados y beneficiarios de planes sociales los que se quedaron sin cobrar el mes de marzo.

En el transcurso de la ultima reunión de gabinete de marzo se estableció que en contexto de pandemia había que, de manera inmediata, “poner dinero en el bolsillo” de los jubilados y beneficiarios de planes. No se pensó en las formas adecuadas para llevarlo a cabo, o mejor dicho, se hizo “vista gorda” a claras advertencias y alertas.

La ANSES y el Banco Central, acaso sin prevenir las posibles consecuencias reales de una apertura desorganizada, anunciaron tarde y de forma deficiente el cronograma de pagos a aplicar desde el 3 de abril. Dicho cronograma era el destinado para jubilados que no habían cobrado en marzo y para 2.400.000 beneficiarios de Asignación Universal por Hijo, por embarazo y el IFE que solo podían cobrar por ventanilla, es decir, que no tenían una tarjeta de débito.

Habría que tener en cuenta que, según datos del Indec, el 70 por ciento de las percepciones se cobraban con dinero en efectivo, lo cual hacía presumible que sería masiva la asistencia a los bancos. También era previsible que aquellos adultos mayores que tienen dificultades con el cobro remoto - o que simplemente se habían acostumbrado al cobro presencial por ventanilla- se acercarían a las sucursales bancarias. La información fue difundida de forma tan deficiente, que fueron muchos los que incluso pensaron que el viernes era el único día disponible para cobrar.

La decisión de abrir los bancos el 3 de abril se tomó luego de una reunión llevada a cabo la semana anterior al viernes caótico. En aquel encuentro se presentaron los presidentes del Banco Central y del Banco Nación, Miguel Ángel Pesce y Eduardo Hecker respectivamente. El secretario general de la asociación bancaria, Sergio Palazzo, también asistió.

Pocos días antes hubo una reunión previa entre dichos 3, junto con Alejandro Vanoli, dirigentes del PAMI y Jefatura de Gabinete, donde se ideó el cobro de pagos el 3 de abril. Ese día se barajó la posibilidad de dividir los pagos entre mañana y tarde, pero eso no se llevó a cabo. Tampoco se materializó una división clara y organizada por número de DNI.

Los resultados de la desorganización y falta de comunicación fueron inolvidables. Según denuncia el sindicato de empleados bancarios, tres millones de personas salieron a las calles, en plena cuarentena. Las colas fueron interminables.

Lo sucedido se encuentra dentro de una denuncia ubicada en el fuero federal. En el caso, impulsado por la diputada nacional Mónica Frade, se investiga la responsabilidad concreta de Alejandro Vanoli y Miguel Ángel Pesce. Se los acusa por violación de normas dictadas para impedir la propagación de una enfermedad, por propagación de enfermedad en forma imprudente y violación de deberes de funcionario público.

Fue un viernes negro, un peligro para cientos de miles de argentinos, entre ellos una enorme cantidad de jubilados. Sorprendentemente, no se notaron picos de contagios como resultado de aquel caos. Como si, milagrosamente, el Estado tuviera una segunda oportunidad para actuar de forma distinta. Como si los argentinos mismos tuviéramos una nueva oportunidad para tornarnos conscientes de la gravedad de los descuidos.

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