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Portada Informes Especiales  |  07 febrero 2019

Contratado por un día: Roberto Funes Ugarte se prueba como metalúrgico

Colocar y acomodar las piezas de metal para que las máquinas completen el resto del proceso sigue siendo patrimonio de la mano del hombre.

Nelson está ocho horas sentado soldando bisagras. Facundo, remachándoles un perno. Y Gustavo, embalándolas en cajitas. La misma escena se repite todos los días, de lunes a viernes. Así de monótono y artesanal, pero por eso muchas veces riesgoso, suele ser el trabajo de los obreros metalúrgicos.

Y en una nueva entrega de Contratado por un día, Roberto Funes Ugarte se sumó a ellos para experimentar, en la fábrica Fumaca, de Loma Hermosa, lo que significa ser parte de lo que muchos consideran la rama más emblemática de la industria nacional: la metalúrgica.

A simple vista el trabajo no parece pesado. No hay que mover grandes objetos ni tampoco hacer maniobras que exijan mucha fuerza. Está todo mecanizado. O casi. Porque hay algo que sigue siendo patrimonio de la mano del hombre: colocar y acomodar durante horas las piezas de metal para que las máquinas completen el resto del proceso.

En ese trabajo hormiga –por día fabrican 30 mil herrajes, de los cuales 4 mil son bisagras- radica el principal desafío. Es que de tan rutinaria que es la tarea, se corre el riesgo de distraerse. Y una distracción se puede pagar caro. Nelson casi la paga con un dedo.

“No me di cuenta y la soldadora me agarró la punta del dedo. Me quedó el hueso a la vista, pero por suerte me cosieron y no lo perdí”, cuenta Nelson, quien hace ocho años que trabaja en la fábrica.

Más grave fue lo que le pasó a Facundo, a quien una máquina le produjo un profundo corte en la mano. Empezó a gritar del dolor y uno de sus compañeros más veteranos corrió a socorrerlo. Lo asistió y le hizo un torniquete para detener la hemorragia hasta que llegara la ambulancia.

El peligro siempre está latente. Por más que se tomen todas las medidas de seguridad, los accidentes de trabajo en la industria metalúrgica son bastante frecuentes, sobre todo por golpes, caídas, contusiones y choques.

En el país, el sector está compuesto por 25.000 empresas, de las cuales el 88% son de capital nacional y, si bien algunas son grandes, predominan las pequeñas y medianas.

Con 300 mil empleos, es uno de los rubros más dinámicos a la hora de generar puestos de trabajo, aunque en los últimos años la crisis hizo que se perdieran miles de ellos. “Por la caída del mercado interno, a nosotros nos bajaron las ventas un 40% en desde 2016. Y a eso hay que sumarle la suba de las tarifas. No nos quedó otra alternativa que reducir la planta de empleados de casi 60 que teníamos a 45”, cuenta Guillermo Cardillo, uno de los dueños de Fumaca.

La mayor parte de la producción metalúrgica se concentra en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Mendoza y Entre Ríos.

Como en su mayoría se trata de pequeñas fábricas, entre los trabajadores se genera un sentido de pertenencia especial, a tal punto que suelen mantener una relación muy estrecha con los dueños.

Por eso Nelson cuenta que cada vez que ve en la calle una de las bisagras que hizo con sus propias manos se siente orgulloso. Es que para él y sus compañeros ser parte de la fábrica y de la industria nacional es más que una fuente de trabajo. Es eso también. Un gran orgullo.

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