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Portada  |  04 abril 2019

Contratado por un día: Roberto Funes Ugarte se prueba como basurero

Se sumó a una cuadrilla de la Municipalidad de Moreno para recorrer calles de tierra y recolectar bolsas con los desechos más diversos.

De alguna forma lo de ellos es una carrera. Contra el tiempo y contra sí mismos. Es que no es fácil resistir un trabajo que consiste en correr toda la noche detrás de un camión para recoger los desperdicios que la sociedad generó durante el día. Pero así es la vida de los “basureros”, sacrificada por donde se la mire. Y en una nueva entrega de Contratado por un día, Roberto Funes Ugarte lo experimentó con su propio cuerpo.

Se sumó a una cuadrilla de la Municipalidad de Moreno para recorrer, a todo ritmo, calles de tierra –algunas inaccesibles hasta con los propios camiones- y recolectar cientos de bolsas con desechos de los más diversos, muchos de ellos con olores nauseabundos.

En el país, donde se produce una tonelada de basura cada dos segundos, hay 30 mil recolectores de residuos, de los cuales el 60 por ciento pertenece al Sindicato de Camioneros y cobra, en promedio, 35 mil pesos por mes, mientras que el resto, que son empleados municipales, perciben entre 18 y 22 mil.

De acuerdo con el convenio, trabajan entre 6 y 8 horas diarias durante las cuales corren de 15 a 30 kilómetros, divididos en cuadrillas integradas por 3 o 4 peones y el chofer del camión.

Los problemas de salud están a la orden del día. Sufren enfermedades infecciosas por el solo hecho de estar en contacto con la basura, cortes por vidrios, problemas en la piel y, sobre todo, en las rodillas por el continuo esfuerzo que significa subir y bajar del estribo del camión.

Por eso, y aunque aún no se lo declaró un trabajo insalubre, como desde hace años reclama el gremio, gozan del beneficio de jubilarse a los 55 años, según el decreto 2465, del 30 de diciembre de 1986.

Carlos hace más de diez años que se dedica a esto, siempre por las calles de Moreno, el lugar donde vivió toda su vida. Por jornada participa en la recolección de siete toneladas de basura, lo que carga el acoplado de un camión.

La escena se repite cada día. Como si remara contra una corriente de basura. Pero Carlos no “rema” solo. Lo acompañan, entre otros, Valeria, una de las mujeres que en Moreno participan a la par de los hombres en una tarea que hasta hace poco les estaba vedada.

En todo el país, menos del 1% de los recolectores de residuos son mujeres, aunque lentamente se están incorporando al rubro, sobre todo en tareas de barrido de las calles.

“La verdad que es muy duro este trabajo. Mis padres no querían saber nada cuando lo agarré -cuenta Valeria-. Pero si no fuera por esto no podría darles de comer a mis hijos”.

Lo dice y se emociona. Parada en el estribo del camión, en medio de un olor insoportable y los guantes manchados de basura, recuerda que ese día es el cumpleaños de su “bebe de 7 años”. Le gustaría estar con él. Pero ahí sigue. Firme. Cargando bolsas de basura, ganándose el pan de cada día.

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