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Informes Especiales

Portada  |  09 enero 2020

Contratado por un día: Roberto Funes Ugarte se probó como apicultor

En todo el país hay 11 mil apicultores que producen 63 mil toneladas de miel al año, el 90 % de las cuales se exporta, fundamentalmente a Estados Unidos y a Alemania.

A simple vista, por el traje que usan parecen astronautas. Pero ellos tienen los pies bien sobre la tierra. Dos meses al año se dedican a uno de los trabajos más ancestrales: la recolección de miel.

Y para conocer de cerca este mundo lleno de curiosidades, en un nuevo capítulo de Contratado por un día, Roberto Funes Ugarte se sumó, como peón apicultor, a la empresa familiar Colmenares Emieli, en San Andrés de Giles, una de las tantas que integran la cooperativa Amuyen.

En todo el país hay 11 mil apicultores que producen 63 mil toneladas de miel al año, el 90 % de las cuales se exporta, fundamentalmente a Estados Unidos y a Alemania.

Por cada kilo vendido al exterior, los productores cobran 2,5 dólares, lo que lo convierte en un negocio muy redituable. Los peones, en cambio, se llevan migajas. Cobran apenas 24 mil pesos al mes por un trabajo arduo y muy sacrificado.

Bajo el rayo del sol, en los meses de diciembre y enero, deben extraer los cuadros de las colmenas donde las abejas depositan alredededor de 25 kilos de miel cada temporada.

Luego los transportan a la sala de extracción, donde, mediante una bomba, se extrae la miel y   la acumula en barriles de 300 kilos.

Son muchas las propiedades que tiene la miel. Por eso ya desde sus orígenes, el hombre la consume. Pero el cambio climático, los insecticidas y la devastación de la flora, ponen en peligro que esto continúe.

La cantidad de abejas disminuye año a año. La situación es crítica. Tanto que hay riesgo de que se extingan, lo que sería una catástrofe para la humanidad y para el ecosistema, ya que, por ejemplo, el 70% de la agricultura depende de la polinización. Esa la otra cara del mundo de las abejas. Amarga. Muy amarga.

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