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Informes Especiales

Portada  |  25 octubre 2019

Contratado por un día: Roberto Funes Ugarte se anima a ser fumigador

Cotidianamente conviven con ratas, cucarachas y arañas. El trabajo de los fumigadores no es apto para personas impresionables. Así que, en un nuevo capítulo de Contratado por un día, Roberto Funes Ugarte tomó coraje y aceptó el desafío de ser uno de ellos.

Como parte de la empresa de fumigaciones y control de plagas San Jorge, de Floresta, integró un equipo que tuvo que visitar dos casas invadidas por cucarachas y arañas, y otra copada por las ratas.

En todo el país hay 3500 empresas de fumigación registradas -más de la mitad tiene sede entre Capital y la provincia de Buenos Aires- que emplean, en su gran mayoría, a hombres. Apenas el 4% son mujeres.

Nucleados en el Sindicado de Obreros de Maestranza de la República Argentina, cumplen con jornadas de 8 horas de lunes a viernes, y 4 los sábados, a cambio de un sueldo, promedio, de 30 mil pesos por mes.

De acuerdo con las estadísticas de las principales empresas, el 78% de los servicios solicitados es por la presencia de cucarachas y el 10% por la de roedores, los que más pánico causan entre la gente.

“Muchas veces llegamos a una casa o a un comercio y encontramos a toda la gente en la calle, aterrorizada porque vio una rata”, cuenta Diego, quien, entre sus anécdotas de trabajo, recuerda el día que tuvo que ir de urgencia a un conocido hotel céntrico porque a un turista se le había escapado una víbora venenosa.

Se calcula que en la ciudad de Buenos Aires hay 8 ratas por habitante, pero hay tres zonas donde la concentración es mucho mayor: Retiro, Puerto Madero y el microcentro. “Es porque al haber mucho tránsito de gente y muchos restaurantes encuentran comida con más facilidad”, explica Diego.

Para combatir a las cucarachas se utiliza un gel venenoso que las elimina en 48 horas, aunque no del todo. Es que no surte efecto sobre los huevos, de cada uno de los cuales nacen unas 50 cucarachas. Por eso terminar todo el trabajo en realidad lleva varios días.

Con las ratas se utiliza veneno, tramperas o un pegamento donde quedan atrapadas y a las pocas horas mueren. Y para eliminar arañas y otros insectos se utiliza una máquina que dispara veneno en forma de vapor. En estos casos el fumigador debe utilizar máscara y uniforme especiales, ya que inhalar el veneno o absorberlo a través de la piel puede ser muy peligroso.

Como ejemplo está lo que sucedió hace unos meses en Barracas. Un hombre ingresó a su casa mucho antes de las cuatro horas que hay que dejar pasar después de la fumigación. Y pasó lo peor. Al día siguiente no solo habían muerto los insectos. También él.

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