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Portada  |  23 enero 2020

Contratado por un día: Roberto Funes Ugarte prueba ser pintor en altura

Ellos lo tienen muy claro. Un error les puede costar la vida. Por eso el trabajo de los pintores en altura es tan estresante. Y el que lo comprobó en primera persona fue Roberto Funes Ugarte, quien, en un nuevo capítulo de Contratado por un día, se descolgó de un edificio de diez pisos, en pleno centro de la ciudad, para pintar el frente.

Texto: Pablo Martin Kuperszmit

Como peón de la empresa Emifrent, tuvo que sortear el vértigo y el miedo que significa estar colgado de una silleta a más de 30 metros de altura y de espaldas a un precipicio que terminaba en el asfalto de la avenida Córdoba.

El trabajo no es apto para cualquiera. Muchos lo abandonan apenas hacen su primera experiencia. El pánico que produce estar a tantos metros de altura a veces paraliza, incluso tomando todas las medidas de seguridad.

Es que, como dicen, el miedo no es zonzo. “Un compañero mío hace unos años se cayó y se mató”, cuenta Mario, un experimentado pintor en altura que fue testigo directo de los riesgos que conlleva su oficio.

Otra característica del rubro es la informalidad. Un alto porcentaje de las empresas que se dedican a la pintura en altura no están debidamente registradas. En la ciudad de Buenos Aires apenas 9 tienen todos los papeles en regla.

Por eso la Cámara de empresarios pintores (CEPRARA) presentó un proyecto en el Congreso para que se abra un registro que obligue a todas las empresas a someterse a una serie de controles antes de obtener el certificado que les permita funcionar.

Es un trabajo con mucha demanda y que mueve mucho dinero, sobre todo en la ciudad de Buenos Aires. Porque al menos cada diez años es necesario pintar el frente de un edificio para mantenerlo en buenas condiciones. Si es de diez pisos insume alrededor de 90 litros de pintura –lleva tres manos- y tiene un costo promedio de 500 mil pesos.

La menor parte del negocio se la llevan los pintores, que están nucleados dentro del sindicato de la Unión Obrera de la Construcción y cobran unos 35 mil pesos por mes. Y son los que ponen el miedo, el vértigo y, a veces, hasta la vida.

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