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He Sobrevivido

Portada  |  14 agosto 2020

He sobrevivido: "Pasé 20 días en coma por el coronavirus y los doctores me dieron por muerto"

Julio Hugo Fabián nació en Salta y tiene 58 años. Los vaivenes de la vida lo trajeron a Buenos Aires donde se instaló junto a su familia. Pasó 40 días internado y 20 en coma tras contagiarse de COVID-19. Fue uno de los primeros pacientes en probar el tratamiento del plasma contra el coronavirus. Esta es su historia.

Hoy Julio Fabián tiene 58 años y vive en Grand Bourg, partido de Malvinas Argentinas, pero su historia comenzó a muchos kilómetros de la provincia de Buenos Aires. Nació en Payogasta, departamento de Cachi, provincia de Salta.

Julio es el mayor de 13 hermanos. Su papá era agricultor, él con 7 años recuerda que ya trabajaba en la chacra. “A la mañana iba a la escuela y a la tarde a trabajar. Es lo único que nos enseñó mi viejo, a trabajar”, dice en diálogo con Telefe Noticias cuando vuelve a Payogasta en la memoria.

Dice que tuvo una infancia feliz, en la que los juguetes eran apenas la pelota de trapo que armaba con las medias viejas de su madre. Sin embargo detrás de la montaña que veía desde su casa, siempre sospechó que había un mundo por descubrir.

A los 14 años terminó sus estudios y a pesar de que su padre no quería, se marchó solo a la ciudad, a Salta capital, donde empezó a trabajar y a estudiar, aunque dejaría pronto los libros para concentrarse en la cosecha de tabaco.

“Ahí aprendí a manejar, lo que era ir a un baile público, juntarme con amigos”, repasa con una sonrisa. Esa fue su vida hasta los 18 años que hizo el servicio militar. Con 20 años volvió a Payogasta donde conoció a la que hoy es su esposa.

Por esos años llegó su primer gran golpe, uno que le cambiaría la vida: su mamá, que tenía 40, murió dando a luz a la hermana menor de Julio. Él entonces decidió adoptarla y criarla como a una hija. Su mujer lo aceptó y su papá también, ambos sabían que él no podía cuidar a un bebé y trabajar en la chacra.

Con su mujer Julio tendría dos hijos. Uno de ellos murió con apenas tres años de una pulmonía. Recuerda que caminaron 10 kilómetros con la criatura en brazos hasta el hospital, donde finalmente no se pudo hacer nada para salvarlo. Fueron años difíciles.

En 1983 llegó a Buenos Aires para visitar a la hermana de su mujer, sin saber que se quedaría para siempre. Durante la visita su cuñada le dijo si no les gustaría quedarse. Él le respondió que si le conseguía un trabajo en tres días se quedaban. Ella le consiguió un puesto como lavacopas y el resto es historia.

Le costó abrirse paso, pero lo hizo a fuerza de eso que dice es lo único que le enseñó su padre: a trabajar. Recuerda un año en el que tenía tres empleos, en el que salía a las 5 de la mañana y volvía a la 1 de la madrugada a su casa. En el año 1995 empezó a hacer plomería, aprendió distintos oficios y comenzó a dedicarse a la construcción. Con sus ahorros se pudo comprar un terreno en Grand Burg.

En 58 años nunca había tenido una patología grave, hasta que llegó el coronavirus. “A mi me sorprendió el COVID, no tenía miedo pero no pensé que me iba agarrar. En mi casa nadie salía, pero alguien tenía que ir a hacer compras, ir a la verdulería, a la panadería”, intenta explicar sobre el contagio.

Estuvo 40 días internado y 20 en coma. Varias veces los médicos del Hospital Abete de Malvinas Argentinas le dijeron a su familia que era probable que no pudiera contra la enfermedad. Fue uno de los primeros pacientes tratados con plasma.

Pasé 20 días en coma por el coronavirus y los doctores me dieron por muerto”, dice, aunque admite que le da escalofríos recordarlo, pensar en su mujer recibiendo esas noticias.

Durante sus días en coma dice que vio a familiares suyos que ya no están, una luz blanca. Que escuchó a su hijo pensar en comprar “el cajón más caro”. A los médicos ser pesimistas. Él, en cambio, sólo pensaba en que no había podido despedirse de su familia. “Por algo no me despedí”, agrega después de un silencio largo, desde su casa en Grand Burg.

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