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Portada  |  14 octubre 2019

Simone Biles ganó cinco oros en Stuttgart y rompió el récord de medallas en mundiales

La nueva leyenda, nacida en Ohio, alcanzó las 25 medallas mundialistas (19 oros, tres platas y tres bronces) y rompió un nuevo récord como la gimnasta con más medallas en los mundiales.

La gimnasta de los Estados Unidos se llevó todos los aplausos del Mundial de Stuttgart al cosechar un total de cinco medallas de oro por las pruebas de All Around, salto, suelo, viga de equilibro e individuales.

Así, rompió un nuevo récord como la gimnasta con más medallas en los mundiales. El sábado pasado, Biles ya había igualado el número de medallas obtenidas por el bielorruso Vitali Scherbo, con 23, pero en la última jornada de acción oficial, se impuso en las competencias de viga de equilibrio y suelo, y así se trepó a lo más alto.

"Es verdad que es mucho. A veces me pregunto cómo lo hago, me gustaría poder salir de mi cuerpo y verme con mis propios ojos", se emocionó, sin dejar de sonreír.

Más atlética, más potente y más elástica, la pequeña bomba estadounidense (1,42 metros y 47 kg) es un prodigio de técnica. Cuatro acrobacias -dos en suelo, una en la barra de equilibrio y otra en salto- llevan ya su nombre. Dos de ellas, muy complejas, han sido “creadas” durante este Mundial de Stuttgart.

"Nunca habría pensado que sería capaz de lograrlas algún día en competición", reconoció.

Una historia muy dura

La madre de Biles, nacida en Ohio, tenía "dependencia al alcohol y a la droga" lo que provocó "idas y venidas” de la cárcel. Ella y sus tres hermanos son enviados a familias de acogida, explicó la joven de 22 años en la televisión estadounidense en 2017.

"Nunca pude contar con mi madre biológica. Recuerdo que siempre tenía hambre, miedo", confesó.

"Mis abuelos me salvaron", afirmó sobre Nellie y Ron Biles, a los que considera sus padres y que cambiaron el destino de su vida, adoptándola, junto a su hermana pequeña, mientras que los otros dos fueron a casa de otros miembros de la familia.

A los ocho años Biles se encontró con Aimee Boorman, la entrenadora que la llevará a la cima, "su segunda madre", que velará por su mejora en los aparatos así como por su equilibrio vital.

Bajo su ala se convierte, con 16 años, en campeona del mundo por primera vez, en 2013. Tres años después conquista cuatro oros olímpicos, más un bronce, en los Juegos de Rio.

Boorman se traslada a Florida y la texana de adopción comienza a entrenar con los franceses Laurent Landi y Cécile Canqueteau-Landi, tras tomarse un año postolímpico sabático.

En enero de 2018 Biles revela otra herida íntima: Forma parte de las más de 200 víctimas de Larry Nassar, antiguo médico del equipo nacional estadounidense condenado por todas estas agresiones sexuales cometidas durante dos decenios.

Después de romper su silencio, no duda en denunciar públicamente la pasividad de las autoridades deportivas. "No es fácil regresar a un deporte, a una organización que te había dejado tirada", señaló en el campeonato de Estados Unidos el año pasado.

"Esta experiencia horrible no me define. Soy mucho más que eso. Soy única, inteligente, talentosa, motivada y apasionada. Me prometí que mi historia sería mucho más grande que eso", escribió en la época.

Cerrado el capítulo de los Mundiales, "a un 99,9%", según sostuvo el sábado, a Biles le queda el último capítulo de su destino de leyenda: los Juegos Olímpicos 2020 que se celebrarán dentro de diez meses, en Tokio.

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