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Portada Deportes  |  12 octubre 2018

Polémica en los Juegos Olímpicos de la Juventud por la vestimenta de las chicas del beach handball

La polémica se dio porque en muchos deportes está diferenciada la vestimenta para hombres y mujeres: para ellos camiseta, pantalón corto y medias; para las chicas bikinis o pseudo tangas que no sean muy anchas (no más de 10 cm al costado).

Una de las sensaciones de los Juegos Olímpicos de la Juventud es el equipo femenino nacional de beach handball. Las chicas ya se aseguraron un lugar en las semifinales y van por una medalla.

A pesar de sus logros deportivos, también quedaron en el centro de la escena por su indumentaria oficial. Las chicas jugaron todos los partidos con bikinis. Pero todo está dentro del reglamento.

"Parece que hay que darle vueltas a las cosas para encontrarle un problema/defecto. Desde un principio vestimos así y sin ninguna incomodidad ni vergüenza. Disfruten del show que el beach es para eso", escribió Jimena Riádigos en su cuenta de Twitter.

La polémica se dio porque en muchos deportes está diferenciada la vestimenta para hombres y mujeres: para ellos camiseta, pantalón corto y medias; para las chicas bikinis o pseudo tangas que no sean muy anchas (no más de 10 cm al costado).

El reglamento oficial de la International Handball Federation (IHF) hace una diferenciación entre ambos géneros (otros deportes no realizan una distinción tan específica).

Explica en un apartado que "los miembros del equipo deben usar pantalones cortos. Los shorts de los jugadores pueden ser más largos pero deben permanecer 10 centímetros sobre el rodilla". Para las chicas, en cambio, se establece lo siguiente: "usar una bikini con fondos que estén de acuerdo con el gráfico adjunto, con un corte ajustado y en un ángulo ascendente hacia la parte superior de la pierna. El ancho lateral debe ser de un máximo de 10 centímetros".

​Las argentinas eligieron la versión "mini" del diseño, quizá culturalmente más habilitadas que otros países con mayores tabúes sobre el cuerpo femenino, pero a la vez aún muy expuestas a las miradas que las ubican en un lugar de objeto sexual estereotipado.

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