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Portada  |  24 septiembre 2020

Misa en solidaridad con los excluidos y las víctimas de tráfico y trata de personas

"Por una sociedad sin esclavos ni excluidos" fue el leit motiv de la misa que el miércoles presidió monseñor Mario Daniel Romanín en el barrio de Constitución, donde exhortó a no discriminar a nadie ni a incurrir en xenofobia.

Integrante de la Comisión de Derechos Humanos por la Inclusión, el sacerdote salesiano Mario Daniel Romanín, dio ayer homilía en la 13va. misa en solidaridad con los excluidos y las víctimas de tráfico y trata de personas, que cada año tiene lugar en el barrio porteño de Constitución.

"Hace ya 13 años que nos convocamos para celebrar la Misa en solidaridad con las víctimas de la trata de personas, con los trabajadores cartoneros, con las mujeres en situación de prostitución, con las víctimas de trata y tráfico, laboral y sexual, migrantes e itinerantes, personas en situación de adicciones. Rezamos y luchamos por una sociedad sin esclavos ni excluidos, en la que se reconozca y se respete la dignidad y la libertad de todos y cada uno", comenzó monseñor Romanín.

"Este tiempo de aislamiento por la pandemia, agudiza el delito de la trata y lo hace más visible e insostenible en tantos rostros de hermanos que cada día vemos sufrir y padecer al lado nuestro", señaló durante la misa que tuvo lugar en la Iglesia Inmaculado Corazón de María.

"Hay miles de personas –niños, hombres y mujeres de todas las edades– privados de su libertad y obligados a vivir en condiciones de verdadera y penosa esclavitud", señaló al tiempo que destacó el rol social de los cartoneros: "En Villa Itatí, por ejemplo, donde ahora estoy viviendo, se aprecia el aporte social y ecológico que ellos hacen en la reutilización de los residuos sólidos y en la reducción en el enterramiento de la basura". 

También se refirió a los migrantes que se ven obligados a vivir en la clandestinidad por diferentes motivos sociales, políticos, económicos.

Romanín apuntó contra la esclavitud sexual y la violencia de género. "Es alarmante el número de femicidios y de violencia de género que acumula cifras escandalosas, y que todavía creo que no hemos alzado suficientemente la voz de denuncia y de pedido de justicia".

El sacerdote se refirió además a la venta y uso de drogas. "En el Hogar de Cristo 'Jorge Novak', de Villa Itatí, te conmueve escuchar las historias de tantos pibes y pibas rotos por la pandemia permanente de las adicciones. Y allí, a esta altura de mi vida, me enseñaron a 'recibir la vida como viene' y que 'vos sos importante' y que 'un abrazo puede sanar heridas y salvar una vida'", resaltó.

Para el sacerdote la trata se elimina con educación y trabajo; ante la falta de oportunidades, pidió un “salario universal que nos equipare a todos y a todas".

E hizo un llamado a luchar contra la corrupción, otra causa de esa esclavitud. "Esto sucede cuando en el centro del sistema económico está el dios dinero y no el hombre, la persona humana". "Cuando la persona es desplazada y viene el dios dinero sucede esta trastocación de valores", recordó Romanín las palabras del papa Francisco.

Y agradeció a los "muchos y muchas que hacen un gran trabajo silencioso: congregaciones religiosas, especialmente femeninas, monjas que viven insertas en las villas, curas villeros, y tantos voluntarios y voluntarias que realizan un generoso servicio de ayuda a las víctimas y a los más pobres, desde hace muchos años".

"Se requiere también de un gran compromiso a nivel institucional. El Estado debe cuidar la vida, proteger la vida, debe eliminar toda forma de servidumbre o trata y explotación de personas, que no deje espacio a la corrupción y a la impunidad", aseguró Romanín.

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