*

Actualidad

Portada  |  15 junio 2019

Curar sonrisas: un médico tucumano opera gratis a los niños pobres que sufren de labio leporino

Él es Oscar Abdala, quien junto a su equipo de profesionales, un sábado al mes, realiza intervenciones quirúrgicas gratuitas a los más pequeños, cuyas familias no disponen de la cobertura de una obra social. "Es una gran satisfacción poder ayudar a la gente, sentir que la familia está contenta", expresó a Telefe Bahía

En épocas donde la salud es atravesada transversalmente por el comercio y la cobertura sanitaria, muchas veces se aleja del derecho o las posibilidades económicas de los bolsillos de los ciudadanos, un cirujano con su equipo de profesionales médicos dedica parte de su tiempo a operar de forma gratuita a los niños con labio leporino y fisura de paladar, cuyas familias carecen del acceso a una obra social.

Su nombre es Oscar Abdala, un joven médico tucumano de 41 años, padre de una niña de 3 años y un bebé de tan sólo 50 días. Graduado en la Universidad Nacional de Tucumán, ciudad donde también cursó la residencia de Cirugía General.

En el Hospital Eva Perón de Buenos Aires completó el proceso formativo y conoció a su jefe, Héctor Lanza, quien le irradió el interés por las iniciativas solidarias a través de una fundación denominada FUNDACC.

“Los residentes participaban del programa Patria Solidaria y realizaban viajes a distintas provincias como Jujuy, Salta, Santiago del Estero, Misiones, Chaco, entre otras y hacíamos intervenciones quirúrgicas reparadoras para pacientes de bajos recursos”, contó Oscar a Telefe Bahía.

Según el profesional, este tipo de acciones acercan desde el punto de vista emocional a los niños, a las distintas familias y entiende que la mejor retribución es aquella que proviene de cambiar el sentimiento desalentador, que en ocasiones invade a las personas en situación de vulnerabilidad, por el de una esperanza que optimice su calidad de vida.

“Me quedó con eso de como poder seguir ayudando a la gente de lo público, ya que en lo privado es más difícil”, añadió.

De regreso al “Jardín de la República”, Oscar desempeñó funciones durante cinco años en el Hospital Avellaneda, donde ya operaba pacientes con Fisura Labio Alveolo Palatina y Labio Leporino, en un trabajo mancomunado con la fundación Gavina, la cual oficiaba de intermediaria para enviarle a los diferentes afectados.

“Ellos, acá en Tucumán se encargaban de la parte no quirúrgica del procedimiento porque el tratamiento para este tipo de afecciones es como muy interdisciplinario. Intervenían en lo relacionado con la fonoaudiología, psicología tanto infantil como para los padres, así también como desde lo odontológico y la ortopedia bucal”, informó.

Al poco tiempo abandonó el sector público para pasar al privado. Allí, desde un marco signado por la burocratización de la medicina y la complejidad económica que suele representar para los sectores de escasos ingresos, el facultativo se planteó no abandonar la gratificación personal que implica ayudar a los demás.

“Hablé con el gerente del sanatorio privado donde yo trabajaba y les comenté esta iniciativa que llevaba adelante. Él me ofreció poner el quirófano a disposición, un sábado al mes para realizar dos cirugías, gratuitas, con la única condición de que el equipo de profesionales tendría que disponer de los insumos médicos para las mismas”, recordó.

De este modo, con la ayuda de Gavina accedieron a Small Train, una fundación de origen norteamericano, que “se comprometió a aportar el dinero para toda la instrumentación”. Este mecanismo no representaba ningún tipo de costo para aquellas familias imposibilitadas de contar con una obra social.

Asimismo, los profesionales que componían el equipo médico decidieron - en un gesto altruista - no percibir honorario alguno por las intervenciones.

Oscar junto a Verónica López (anestesióloga), Mayra Brito y Gabriela Salazar (instrumentadoras) y los aportes de Lucas Casadey y Agustín Reyes (ayudantes) una vez por mes, se dedican a recuperar la sonrisa de los más pequeños.

CAUSAS DEL LABIO LEPORINO

El labio leporino y el paladar hendido son deformaciones congénitas surgidas en la fase de gestación, con la marcada particularidad que el tejido del paladar y el labio superior no se unen.

Desde la visión de Oscar, hay bebés que nacen con esta patología y llegan a edades adultas sin haberse operado o sin completar la cantidad de procedimientos quirúrgicos requeridos para estos casos.

“El origen de la enfermedad se remite a diversas causas, algunas alimentarias e identificadas con el déficit del ácido fólico. La carencia de esta vitamina, presente en muchos alimentos, genera defectos del Tubo Neural, por lo que la presencia de suplementos es esencial en el primer trimestre del embarazo”, reveló.

En este punto, el facultativo resalta la trascendencia de incorporar el ácido fólico a los hábitos alimentarios, sobre todo cuando la mujer transita el camino de la gestación de un bebé.

“Hay mujeres que empiezan a hacerlo en el segundo mes de estar embarazada y ya es tarde. Esto se da cuando existe la predisposición a tener carencia de esta vitamina”, agregó.
A modo estadístico, el labio leporino es un fenómeno presente en una de cada 700 personas y en Tucumán, especialmente, el médico puntualiza su aparición entre 30 y 40 niños que nacen al año.

Según el profesional, también hay causales de índole hereditario con pacientes donde todo su núcleo familiar resulta afectado por esta malformación. Ambientales, todavía sujetas a estudio científico, por el uso de pesticidas o el contacto con algunas toxinas. También genéticas con déficits en los cromosomas.

“Lo ideal es que la primera cirugía se realice a los seis meses, donde se cierra el labio y se efectúan uniones musculares. Al año, antes de que comiencen a hablar los niños, es recomendable otra para cerrar el paladar y así, en conjunto con el aporte fonoaudiológico, conseguir una correcta fonación”, subrayó.

El tiempo en el que se pueda llevar a cabo la intervención incidirá a futuro en una adecuada expresión oral del niño y mejorará su calidad de vida.

“Cuando llegan a los 9 años hay que apelar a un injerto óseo para que pueda bajar el diente, porque al haber una parte de la encía fisurada, el canino no sale donde tiene que salir. En muchas ocasiones sale en el paladar o no sale. También a los 17/18 años hacemos la última cirugía de la nariz que corresponde a la parte más estética”, explicó.


INFINIDAD DE CONSULTAS TRAS LA DIFUSIÓN

A partir de adquirir estado público la iniciativa de Oscar y el equipo médico, se incrementó de forma notoria el número de consultas tanto nacionales como internacionales, de particulares y distintos profesionales de otras disciplinas.

“Impresionante. Yo no uso mucho Messenger del Facebook y ayer lo abrí y tenía como 40 mensajes de Méjico, de Venezuela, de Colombia, Perú y de varias provincias argentinas como la de Buenos Aires, La Pampa, Santa Fe, de Chaco, Santiago del Estero. Fonoaudiólogas de otros lugares, enfermeras, odontólogos que se han contactado conmigo”, relató con sorpresa.

No obstante, para el facultativo tucumano más allá del orgullo que representa ser un hombre de referencia, también, en cierta medida, es un indicador de “falta de atención” en diversos lugares a esta problemática.

De manera que, el radio de afección no se circunscribe a una sola persona, sino también a la propia familia, donde el sistema de salud, muchas veces, sitúa a los padres en un escenario condicionante o exclusivo por no poder disponer de los recursos suficientes para encarar este tipo de procedimientos.

“Es muy difícil conseguir los turnos en los hospitales públicos para las cirugías y en reiteradas ocasiones son derivados estos casos a otros nosocomios. Esta semana he tenido más de 100 consultas de pacientes con fisuras de tipo Labio Alveolo Palatina. La demanda es grande”, justificó.

En este punto, Oscar concibe al sistema de salud público como “muy burocrático” para los pacientes y médicos. Los continuos retrasos en los trámites de las cirugías aceleran el desaliento de los afectados.

“En el caso de las cirugías plásticas o reparadoras, los turnos de quirófanos se van achicando porque en primer término van las urgencias”, argumentó.

Del mismo modo, el cirujano admitió que este tipo de malformaciones no revisten riesgo de vida para los convalecientes, aunque sí se ve afectada indefectiblemente su calidad de vida.

“Lo bueno de operar a la gente del mismo ámbito es que tengo control continuo con todos los pacientes y veo sus progresos. Me gusta ver cómo sigue su evolución con el área de fonoaudiología, odontología. Es una gran satisfacción poder ayudar a la gente, sentir que la familia está contenta”, concluyó.

Comentarios