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Portada  |  14 enero 2020

Animar cumpleaños infantiles no es “cosa de niños”

Cada rol que ocupemos ante la mirada de un niño merece responsabilidad y respeto.

Por Adriana Sandro*

“Mamá, a mí no me eligieron”, llora Julia, de 4 años, desconsolada ante la negativa de la animadora que actúa de “Rapunzel” en un cumpleaños de una amiga en un salón del porteño barrio de Caballito. Es que la joven veinteañera que personifica a la princesa de su cuento de hadas favorito, deja participar del juego de “adivinanzas” a ocho de las diez niñas presentes. Parece que "se olvidó" de las otras dos pequeñas que esperaban ansiosas pasar al frente y se desesperaban para lograr la imitación perfecta de tristeza, alegría o sorpresa que la animadora solicitaba como requisito para pasar al frente.

Si no se contextualiza la situación, parecería una cuestión menor. Sin embargo, cada tanto, los adultos deberían detenerse a reflexionar sobre la inocencia de los primeros años de vida sin subestimar la sensibilidad y deseos de los niños. A principios del siglo XX, el escritor británico Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) sostenía que "lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa es en ella una maravilla", y ese bien hay que saber cuidarlo.

Cada detalle requiere responsabilidad como adultos en la primera infancia, ya que es cuando se produce la construcción de la autoestima. La autoestima no es un concepto único de la etapa adulta, al contrario, su desarrollo se inicia en las etapas más tempranas de la crianza y es un elemento básico en la construcción de la personalidad del futuro adulto. Cuando un niño es capaz de formar una buena autoestima, se siente seguro de sí mismo y valioso. En cambio, la formación de una baja autoestima le provocará una desconfianza en sí mismo, se sentirá inseguro e inferior a los demás.

Por lo general, no se les exige a los animadores que sean especialistas en pedagogía. Por lo tanto, los padres pueden anticiparse y preguntar e indagar sobre la animación, qué tipos de juegos hay para que tenga que ver con el perfil del hijo o del grupo. También puede haber distintas propuestas para que cada uno participe de lo que más le guste hacer.

La Agencia Gubernamental de Control del Gobierno de la Ciudad confirma que su injerencia en los salones de fiestas infantiles es sólo supervisar que se cumplan las normas de habilitación de los locales, no existe control sobre el personal.

“Lo importante es que en un cumpleaños la pasen bien todos e incluir a todos en cada consigna. La propuesta de participar de cada actividad tiene que estar abierta para todos porque un cumpleaños no es una situación de aprendizaje, sino de disfrute. Tiene que haber un equilibrio para que cada niño encuentre su espacio”, sostiene la directora del Departamento Infanto Juvenil de INECO, la Dra. Andrea Abadi.

La médica explica las posibles causas por las que un niño puede llorar en un cumpleaños:

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En el campo de la psicología, es sabido que el niño es narcisista: cree que todo está relacionado con él. Si lo cuidan e incluyen es porque es importante. Si no lo atienden o no se siente querido, es porque no es digno de ser querido y piensa que algo anda mal con él. Comienza entonces el riesgo de formar una autoestima baja y una serie de etiquetas negativas, que el pequeño puede llevar por el resto de su vida.

Adriana Sandro es periodista en Telefe Noticias y Lic. en Psicología - MN 53315   

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