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Portada Internacionales  |  06 diciembre 2017

El sorprendente hallazgo de los restos de un dinosaurio mezcla de pato, cocodrilo y cisne

Su nombre es Halszkaraptor escuilliei. Los fósiles fueron descubiertos en Mongolia, pero unos contrabandistas los sacaron ilegalmente del país. Vivió hace 75 millones de años, en el período Cretácico.

Los restos de un dinosaurio que vivió hace 75 millones de años en el período cretácico fueron descubiertos en Mongolia y analizados por un equipo internacional de investigadores, según anunció la revista especializada Nature.

Su nombre es Halszkaraptor escuilliei, y sus extraños rasgos revelan que estaba adaptado a una vida anfibia: tenía hocico en forma de pico de pato, cuello de cisne, aletas como las de un pingüino y garras largas afiladas como las de un águila.

Según explicó el paleontólogo del Museo Geológico y Palentológico ‘Giovanni Capellini’ en Boloña (Italia), Andrea Cau, pertenecía al grupo de dinosaurios que dio lugar a los pájaros, aunque no es el ancestro de ningún pájaro actual.

Las patas traseras del Halszkaraptor eran largas y estaban adaptadas a caminar sobre tierra. Probablemente tenía un andar semejante al de los patos, aunque, a diferencia de las de estas aves, sus patas no eran especialmente útiles para nadar. Las extremidades delanteras, en cambio, eran cortas y tenían forma de aleta, como las de los pingüinos, así que probablemente le servían para moverse en el agua.

“Pensamos que el Halszkaraptor era un nadador relativamente lento, que usaba su largo cuello para cazar peces y otras pequeñas presas, tendiéndoles emboscadas”, apuntó Cau, autor principal de la investigación.

El cuello es desproporcionadamente largo en comparación con el resto del cuerpo, por lo que su centro de gravedad no estaba en sus caderas, como en la mayoría de dinosaurios bípedos, sino desplazado hacia delante. Por eso, para poder caminar fuera del agua sin caerse, tenía que hacerlo con el torso inusualmente erguido, como los pingüinos.

El esqueleto del Halszkaraptor está parcialmente enterrado en un bloque de roca. Para estudiarlo los investigadores lo llevaron al acelerador de partículas del Laboratorio Europeo de Radiación Sincrotrón en Grenoble (Francia), donde utilizaron rayos X para hacer radiografías de los distintos planos del fósil y reconstruirlo en tres dimensiones.

Los restos fueron hallados en Mongolia, pero unos contrabandistas los sacaron ilegalmente del país, según relata Andrea Cau. Pasaron por varias colecciones privadas hasta caer en manos de un vendedor de fósiles, François Escuillié, que en 2015 se los mostró a Pascal Godefroit, paleontólogo del Real Instituto Belga de Ciencias Naturales.

Godefroit, que participó en el análisis del espécimen, percibió inmediatamente su importancia. Al conocer la opinión de Godefroit, Escuillié decidió donar la pieza al Real Instituto Belga de Ciencias Naturales, la única institución europea autorizada para adquirir fósiles de origen mongol.

“El fósil regresará a Mongolia y será depositado en el Instituto de Paleontología de la Academia Mongol de Ciencias cuando termine nuestro estudio”, aseguró Cau, según el sitio La Vanguardia.

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