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Portada Internacionales  |  15 mayo 2018

"Casa del horror": denuncia de una madre destapó las torturas a sus propios hijos

La Policía rescató a 10 chicos de entre 4 meses y 12 años. Presentaban heridas punzantes y quemaduras. Comían alimentos en mal estado y vivían entre basura y material fecal.

Los niños fueron rescatados de su casa en California (Estados Unidos) y describieron actos de abuso intencional, que quedaron probados por las huellas de heridas punzantes, quemaduras, hematomas y lesiones consistentes con disparos de una pistola de perdigones, informaron las autoridades.

Sharon Henry, la vicefiscal del distrito de Solano, se mostró "horrorizada" por las declaraciones de los niños y las torturas en la casa.

"Literalmente te rompe el corazón, y te indignás por cómo un padre o alguien puede cometer esos actos", añadió la funcionaria judicial.

Jonathan Allen, de 29 años, el padre de los niños, se declaró inocente de siete cargos de tortura y nueve cargos de abuso infantil. Está detenido con una fianza de 5,2 millones de dólares.

La investigación comenzó el 31 de marzo, después de que la Policía recibiera una llamada de la madre, Ina Rogers (30), reportando la desaparición de uno de los menores.

Al llegar al lugar, los efectivos registraron la vivienda y se encontraron con una propiedad en condiciones inmundas, informó el teniente Greg Hurlbut.

"Los oficiales encontraron condiciones de vida inseguras e insalubres, como basura y comida en mal estado en el suelo, heces de animales, y humanos y una gran cantidad de escombros que hacen que la casa sea intransitable", añadió Hurlbut.

A partir de ello, dieron aviso a Minoridad y retiraron de la casa a 10 niños de entre 4 meses y 12 años.

La explicación de la madre

Rogers fue arrestada pero quedó libre durante la primera semana de abril tras pagar una fianza de 10 mil dólares. Más tarde, organizó una visita a su casa para periodistas y negó que su esposo hubiera abusado de los niños.

La mujer dijo creer que la juzgan por tener tantos hijos y por elegir educarlos en el hogar.

Los nenes no requirieron atención médica cuando fueron rescatados, pero las historias sobre abuso salieron gradualmente durante las semanas siguientes. Ocho de los menores contaron a los profesionales incidentes que datan de hace varios años, aseguraron las autoridades.

Sin embargo, Rogers expresó a los reporteros que está sorprendida de que la policía haya formulado las acusaciones más graves contra su esposo, ya que él no era el responsable de la disciplina de la familia.

"No hay huesos rotos, no hay cicatrices importantes, nada", sostuvo la madre y añadió: "Mis hijos se golpean, lastiman y rasguñan porque son niños, pero eso es todo".

Durante el recorrido, la casa de cuatro dormitorios en Fairfield, a 74 kilómetros de San Francisco, lucía desordenada, con paredes raspadas y heces de animales en el baño.

Rogers contó que los niños dormían en una sola habitación por la cercanía afectiva entre ellos y que las camas estaban guardadas en el armario. También remarcó que los otros cuartos se usan como dormitorio principal, sala de juegos y espacio de meditación.

También justificó que el día que se llevaron a los chicos la casa estaba desordenada porque acababa de destrozarla buscando a su hijo desaparecido y que este último se había enojado cuando le quitaron la tablet.

De acuerdo con su relato, tanto ella como su esposo provienen de hogares deshechos y querían una gran familia. Rogers señaló que ella trabaja en el turno de noche en una compañía de monitoreo cardíaco y que su marido es tatuador.

Por último, aseguró que funcionarios de protección infantil ya habían visitado hace algunos años la casa, aunque no detalló a que se debió esa inspección.

Testimonios de allegados

Aleida Quartman (23), compañera laboral de Rogers, dijo que la mujer mimaba a sus hijos y que el desorden de la casa era el típico de la vida con niños, gatos, un perro y un pez.

"Me dijo que nunca había vivido sola y que ahora que sus hijos y su marido no están, ella es un desastre", añadió Quartman.

Por su parte, Peggy Allen, la madre de Jonathan, admitió haber hablado con Rogers sobre el estado de la casa y la importancia de mantenerla limpia. Además, contó que está distanciada de su hijo y que él mantuvo a los niños alejados del resto de la familia.

"Somos una familia cristiana y Jonathan no fue criado de esa manera", se lamentó.

También habló un vecino, Larry Magnaye, quien se mostró sorprendido de que hubiera 10 nenes viviendo en esa casa.

Recordó que la pareja saludaba al salir pero remarcó que nunca vio a los niños en el frente ni los escuchó jugar en el patio trasero.

Si bien "es una casa bastante grande", el vecino no entiende cómo pudieron mantenerse tranquilos y en silencio con tantos niños en el hogar.

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