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Portada Informes Especiales  |  25 mayo 2018

"Sr. Juez": el calvario de Laura y un pedido desesperado a la Justicia

Entregada por sus propios padres a una red de prostitución, es la primera hija querellante que logra condenarlos. El reclamo para que uno de los abusadores vuelva a prisión. Informe de Gisela Busaniche.

La vida de Laura está marcada por el dolor pero frente a todo, la lucha y la resiliencia. Tenía 13 años cuando fue entregada por su familia a una red de prostitución para ser explotada sexualmente. En noviembre de 2001 la directora de su colegio se enteró del calvario que estaba viviendo y la rescató del infierno. Laura se convirtió en abogada y hace 17 años lucha para pedir Justicia.

Su padre, un ex policía y su madre, ama de casa, fueron condenados por “abandono de persona agravado por el vínculo”. Laura se convirtió en la primera hija querellante en la Argentina. Pero no son los únicos condenados, también están sus proxenetas, Osvaldo Aníbal Valdez y Hugo César Peña y un cliente “especial”, un empresario que pagaba con cheques cada vez que la llevaba de nuevo al infierno en los prostíbulos donde había sido enviada por sus padres.

Después de la condena a sus padres y a sus proxenetas en el 2001, Laura logró la detención de Valdez y más tarde la del cliente especial: Alberto Pampín, condenado a cinco años de prisión por el Tribunal Oral Nº 17, por el delito de promoción a la prostitución de un menor de 18 años. Pero a fines de marzo de este año, Laura se enteró de la peor noticia que podía recibir: la Sala Nº 1 de la Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional le había concedido el beneficio de la libertad condicional.

Por eso hoy denuncia que los fiscales no la escucharon, incluso después de denunciar amenazas. “Nadie defendió mis derechos. Me enteré porque me llamaron para avisarme que estaba libre. Por la Ley de Víctimas tenía derecho a que me escucharan”, dice a Telefe Noticias. Después, agrega: “Lo que necesitaba para poder dormir tranquila era Justicia”. Y asegura que nunca podrá perdonar lo que le hicieron. "Ni el día que me muera los voy a perdonar".

Como si todo lo que le pasó y el calvario que le hicieron vivir no fuera suficiente para tener que enterarse que ese hombre que la abusó durante años está ahora libre, Laura volvió a contener el dolor para transformarlo en pelea: esta vez contra la Justicia, en la que tampoco puede confiar. Por eso decidió denunciar a los fiscales, que no le avisaron que su violador sería liberado anticipadamente, sin darle a ella la posibilidad de defender sus derechos.

“Fue un proceso que se inició en el año 2001, con una denuncia mía cuando yo tan sólo tenía 14 años, porque todos mis derechos habían sido vulnerados. Fue un proceso muy largo y doloroso donde, prácticamente, no tenía ningún derecho, y donde los únicos derechos que importaban y que se garantizaban eran los de aquellas personas que me habían quitado mi condición humana para convertirme en una cosa, en una simple mercancía. Hoy, luego de 17 años, mis derechos siguen siendo vulnerados, violentados y violados por la fiscalía que era quien debía garantizar que esto nunca más volviera a suceder”, denunció Laura, que pide lo único que puede pedir una víctima en medio de tanto dolor: Justicia.

LA CARTA DE LAURA A LA JUSTICIA
Señor Juez:
Se acuerda usted que yo fui entregada a los 13 años por mis padres, que fui violada y abusada durante varios años.
¿Recuerda que me animé a contarlo solo cuando supe que iban a sacarme del país?
Recuerda cuando hace 17 años le conté con lujo de detalle sobre la red que me tenía secuestrada junto a varias chicas, llevándonos de departamento en departamento, drogándonos y obligándonos a tener sexo con sus clientes.
¿Sabe que fui la primera hija que fue querellante contra sus padres en la República Argentina?
Cuando empezaba a pensar en mi nueva vida me encuentro con la libertad condicional de uno de los condenados (por mis abusos), ¿sabe usted que la fiscalía no me defendió, que no tuve la oportunidad de hacer escuchar mi voz para que ese hombre siga preso?
Sabe que me enteré de casualidad que él estaba en la calle, que estaba libre.
Sabe que estoy amenazada y llevo un dispositivo porque “dicen” que es la única forma de resguardar mi seguridad.
Me gustaría que me escuche Sr. Juez y que, de una vez por todas, se termine mi calvario.

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