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Portada Informes Especiales  |  04 julio 2017

Diario de viaje: Argentinos en guerra, ISIS y agua en el desierto

Alejandro Roisentul emigró de la Argentina con su familia y trabaja en el hospital más importante de Safed, en Israel. Cura las heridas de pacientes que llegan desde Siria, asediada por la guerra y las bombas. Crónica de Guillermo Panizza.

"El corazón del conflicto es Jerusalén, y la arteria principal, el Domo del Templo", explica Rubén Taube, un uruguayo de 33 años que llegó a Israel con la idea de experimentar nuevas sensaciones y una vida diferente a la que llevaba en su Montevideo natal. Desde el imponente mirador del Monte de los Olivos, nos llevamos la primera impresión de la ciudad considerada sagrada por tres religiones: musulmana, judía y cristiana. Es la primer actividad de una visita coordinada por Fuente Latina, una organización sin fines de lucro que ofrece información sobre Israel y Medio Oriente. Cuatro argentinos, cuatro mexicanos y una española que vive en México, participamos de distintas actividades con una intensa agenda para intentar comprender la compleja problemática del conflicto más largo de la historia entre palestinos e israelíes, con sus implicancias culturales, políticas, ecónimicas y sociales. Y Jerusalén, atravesada por su muro divisorio, acaso sea el punto de partida más esclarecedor para entender la dinámica habitual de este punto lejano de Medio Oriente.

La ciudad vieja con su división entre el barrio musulmán, judío, cristiano y armenio es el fiel reflejo de la frágil tolerancia religiosa entre las distintas comunidades. "Aquí la vida es absolutamente normal la mayor parte del tiempo, nadie de nosotros vuelve a su casa a la noche después del trabajo y se pone a hablar de la guerra o de los conflictos. Sólo queremos vivir mejor y satisfacer las necesidades de nuestros hijos", confía Daniella Benaim, Directora de Operaciones de la agencia de noticias, residente en Jerusalén. La ciudad, y toda la extensión territorial del país, está preparada para un eventual enfrentamiento bélico. Cada ciudadano, a partir de la obligatoriedad del servicio militar (tres años para los varones, dos para las mujeres), sabe cómo enfrentar una situación de emergencia. El cese de hostilidades decretado tres años atrás, supone un bálsamo para los dos bandos aunque no impide el surgimiento de un actor fundamental en este escenario: ISIS.

"Sólo queremos vivir mejor y satisfacer las necesidades de nuestros hijos"

"A ISIS se lo combate con compromiso mundial"

Se nota que es un trotamundos incansable. Guerrero de mil batallas, Henrique Cymermann, de 59 años, un reportero portugués curtido en los campos de guerra, confiesa haberse "casado con Israel y Medio Oriente a los 16 años". Aunque sonríe con modestia, es una reconocida celebridad periodística por sus arriesgadas y formidables coberturas para los principales medios de comunicación del mundo. Reporta para siete cadenas de televisión en cinco idiomas: lo que se dice, un auténtico catedrático en la materia, formado en las mejores academias del mundo, pero sobre todo, fogueado en el terreno del ejercicio de la tarea.

La región es un polvorín y las consecuencias del accionar violento de el Estado Islamico, de consecuencias imprevisibles. Lo estamos viendo todo el tiempo: Londres, Manchester, Niza, Bruselas, Jerusalén. "Lobos solitarios", pero también acciones coordinadas de suicidas que se inmolan provocando muerte, destrucción, dolor.

Cymermann explica que ISIS tiene "el objetivo de establecer un califato regresivo al siglo séptimo, borrar las fronteras demarcadas por las potencias occidentales, como Inglaterra y Francia y matar al infiel", asegura con convicción el periodista radicado en Tel Aviv, casado con una productora y padre de un hijo camarógrafo que lo acompaña por los convulsionados países de la región en una vida nómade, y, sin dudas, poco convencional. A qué se refiere cuando dice que quieren matar al infiel? "El infiel para ISIS es el Papa", sostiene Cymermann quien además desnuda la intimidad de sus advertencias al Santo Padre con el que tiene contacto directo, asiduo y colaborativo. "Francisco es el único estadista mundial que ha comprendido la dinámica de estos tiempos violentos y que manifiesta esfuerzos permanentes para que su preocupación se traslade a los principales líderes mundiales", dice.

"ISIS recluta milicianos como la mafia, pero su principal fuerza es la guerra de la propaganda, instalando el pánico y el terror"

También sostiene que el objetivo de ISIS "es controlar a los más de 1.600 millones de musulmanes en todo el mundo y luego al mundo entero". "Esa es su idea utópica. Empezaron con Al Qaeda, donde se les unieron sus miembros y oficiales del ejército iraquí. Lo que dicen es 'si no logramos un Estado Islámico, optaremos por los atentados contra los infieles', que son los cristianos y los judíos", agrega. Para el periodista, también buscan que haya un solo califato, que se rija con las reglas del siglo VII, por lo que usan tecnologías del siglo XXI para ese retroceso, para volver a leyes como las que dicen que a los ladrones se les corten las manos o las de lapidación a las mujeres infieles. "ISIS recluta milicianos como la mafia, por un pago de 100 dólares, pero su principal fuerza es la guerra de la propaganda, instalando el pánico y el terror, y ganando así la ofensiva contra la narrativa radical". "Para incorporar gente, ellos apuntan a la población musulmana de Medio Oriente, de distintos países, les prometen de todo para que vayan a Siria, Irak o Libia, donde tienen presencia. También van a los hijos de los inmigrantes que llegaron a Europa, que se sienten desconectados en los países europeos y su país natal, adoptan el Islam radical para ser vistos como héroes", asegura. El experto afirma que de los terroristas yihadistas que hacen atentados en Europa, el 60% son de la segunda generación, el 15% de una tercera y el 25% son europeos que se convierten al Islam.

Respecto del histórico conflicto entre Israel y Palestina, Cymermann no se muestra esperanzado respecto de la posibilidad de un acuerdo que se sigue buscando desde hace décadas. "Debería establecerse la división de Jerusalén en dos capitales, y poder generar un futuro Estado Palestino, pero los líderes tienen miedo de su propia opinión público y no toman decisiones", asegura uno de los 1500 periodistas que desempeñan sus tareas en 450 medios del mundo con base en Israel, el país, dice, con mayor presencia periodística del mundo.

Judith y Susana, argentinas para el mundo

Horas antes de nuestro arribo a Jerusalén, las milicias de ISIS se habían adjudicado (junto a Hamas) un ataque con cuchillos y armas automáticas a una policía de frontera de 23 años en la Puerta de Damasco, terminando con su vida. En ese mismo lugar, blindado y con saturación de efectivos militares, cierta calma se percibe como un rasgo saliente de la naturalización de la violencia que exhiben vecinos, comerciantes y transeúntes.

Partimos de la ciudad sagrada rumbo al sur. Allí, las tensiones no varían. "Si Israel pierde una batalla, desaparece del mapa", nos aseguran ciudadanos argentinos que viven en el límite con la Franja de Gaza brindando el principal argumento que se tiene a la hora de describir la situación en la frontera caliente, donde no hace mucho tiempo se protagonizaron los enfrentamientos más encarnizados. Susana y Judith nos reciben para contarnos cómo se puede vivir en estas condiciones a partir del concepto de resiliencia, con comunidades enteras sobreponiéndose a la adversidad, enfrentando la vida, cada día con un rutina inmodificable. "Nuestro principal miedo actual son los francotiradores y la amenaza que representan los túneles construidos por los milicianos de Hamas, utilizados para el secuestro de personas", cuenta Judith, asistente social a cargo de una ONG que atiende el trauma de la guerra en los niños. Y justamente los niños, representan la preocupación central, mientras aprenden y conviven en salas blindades, jardines de infantes convertidos en fortalezas, y refugios públicos en las calles para que puedan protegerse si la sirena anuncia la emergencia. "Tzeva adom, tzeva adom", es decir, "color rojo, color rojo" dice una voz femenina alertando sobre un eventual ataque inminente. A partir de ese momento, hay 15 segundos para encontrar un lugar seguro. Susana nos muestra restos de misiles que cayeron en su casa. Los guarda para no olvidarse que aquí puede estallar la guerra, en cualquier momento.

"Si Israel pierde una batalla, desaparece del mapa"

Entre misiles como souvenirs, túneles, bunkers, cuartos de seguridad, muros y alambres interminables, los interrogantes sobrevienen sin detenerse. ¿Cómo se pueden vivir así? ¿Qué se les dice a los niños? ¿Cuándo se va a terminar esta situación, indeseada pero ya instalada -pareciera definitivamente- en el statu quo de esta región? Sólo los líderes políticos tienen en sus mentes alguna aproximación para ensayar respuestas, indispensables y ojalá duraderas.

Alejandro Roisentul: el argentino que cura las heridas del conflicto sirio

Viajamos al norte. Las autopistas, modernas y seguras se transforman en rutas y caminos de una mano. Llegamos al hospital más importante de Safed, una ciudad bíblica de Israel en el norte del país, ubicada a apenas 11 kilómetros de El Líbano, a 50 de Jordania, y a 30 de Siria, donde actualmente se enfrentan los grupos rebeldes y el ejército regular de Bashar Al-Assad. Alejandro, de 52 años, arriba con algo de demora a la entrevista. Atendía a un paciente, como todos los días de su vida desde hace 28 años.

"El trabajo es terriblemente duro aquí, atendemos a una población aproximada de 250 mil personas, que puede crecer en época de vacaciones, de distintas religiones y nacionalidades. Pero lo que más nos moviliza es la atención que le brindamos a los ciudadanos sirios que escapan del enfrentamiento civil en su país y llegan casi muertos a este hospital", dice este médico odontólogo egresado de la UBA especializado en cirugía maxilofacial, que extraña el asado y emigró de la Argentina con Juliana, su esposa, en busca de nuevas experiencias.

Dice que de a poco se convenció que iba a adoptar a esta ciudad de frontera como su lugar en el mundo, a pesar del riesgo permanente de vivir en una zona de guerra, con bombardeos constantes en el pico máximo de tensión con los países enemigos. Cuando se le pregunta por qué manifiesta su vocación de servicio tan lejos de su país, Alejandro asegura que asume con convicción la misión de curar a los pacientes que muchas veces llegan al límite con Israel "en burro, a pie o son llevados por algún familiar que los dejan allí para que sean trasladados al hospital por las fuerzas de seguridad israelíes", cuenta. "Para nosotros son NN porque no tienen documentos, no tienen pasaporte ni visas. No nos hacen preguntas porque nos tienen miedo y llegan con prejuicios, en silencio. Somos los médicos de un país enemigo. Para ellos, somos el diablo que los atiende, inclusive vienen mujeres a tener sus hijos acá, porque en Siria desde 2011 no tienen médicos ni dónde atenderse, es una matanza permanente la que tienen que vivir".

Recuerda Alejandro que en la guerra de 2013 y en las acciones bélicas con El Líbano en 2006 llegaron a caer más de 100 misiles por día y todavía, en aquellos años, no contaban con bunkers ni cuartos de seguridad, obligatorios para las construcciones nuevas en todo el diminuto territorio israelí. "Fueron momentos muy duros, de replanteos y temor, pero siempre estuve seguro de hacer mi tarea donde corresponde, acá". Es un hospital con 1.300 empleados de todas las religiones, donde Alejandro debió quedarse durante lo peor del conflicto. Su esposa e hijos habián quedado a resguardo en Tel Aviv.

A los refugiados heridos, además de la atención médica, se les brinda ropa y comida. "La medicina no tiene fronteras", señala mientras nos conduce a una sala de internación donde dos víctimas de la guerra siria nos van a intentar transmitir su sufrimiento, visible en una mirada triste y perdida. Se trata de un joven estudiante de derecho de 26 años que peleó como rebelde en su país y ahora sólo desea reencontrarse con su familia, desperdigada en distintos países de Europa, sin tener idea exacta de su paradero. A su lado, un compatriota de 33 años, verdulero de oficio, intenta reponerse cumpliendo un estricto tratamiento que permita curarlo de las heridas provocadas por las esquirlas de una bomba. Issa Fares, un asistente social de origen árabe, oficia de traductor dentro de un cuarto donde predomina un silencio tenso. "Ellos tardaron mucho en confiar en nosotros, pero día a día se dan cuenta que su vida puede ser un poco mejor".

Alejandro no puede evitar la emoción cuando comparte, de regreso en su oficina, el video que el ex ministro Shimon Peres le grabó al personal del hospital antes de su muerte como manera de reconocimiento y homenaje a la titánica tarea que deben enfrentar cada día y agrega: "Los casos que más nos conmueven son los de los chicos mutilados o en riesgo de perder sus miembros, ellos son tratados para que pueden recuperar la capacidad de movilidad, les colocamos prótesis que son donadas por entidades privadas".

Unos 1.500 civiles sirios fueron tratados en el hospital de Safed, cuenta Alejandro, padre de tres hijos de 27, 23 y 21 años, que, según relata, comprenden y apoyan permanentemente la misión de su papá, quien primero realizó una práctica médica en un hospital cercano al Mar de Galilea, un enorme lago del que se suele tomar agua como símbolo de purificación. Y si de milagros se trata, frente a nuestros ojos, la vida parece imponerse ante la muerte. En historias personales y humanas como la de los médicos de este hospital y la de Alejandro, el argentino que cura las heridas de la guerra, muy lejos de su Buenos Aires, natal y querida.

Tel Aviv, un oasis de agua en el desierto

¿Qué tienen en común el agua, un tratamiento para la diabetes, y un pendrive transformado en una PC portátil? En principio, pareciera que nada. Pero sí: todo. Son la consecuencia directa y revolucionaria de la exitosa gestión de las denominadas start-up israelíes, innovadores emprendimientos multinacionales que lograron desarrollar una amplia gama de productos tecnológicos y de servicios.

Ya estamos en Tel Aviv, una ciudad que busca ubicarse como la segunda en el mundo, después de Silicon Valley, con mayor porcentaje de empresas tecnológicas.

Uno de los conceptos más llamativos de nuestra estadía en este diminuto país es lo que aquí se denomina la “cultura de la adversidad”. Un país joven, un estado prácticamente embrionario, en guerras permanentes con sus enemigos en cada una de sus fronteras, que ha desarrollado la capacidad de pensar en clave internacional a partir del surgimiento de estas pymes multinacionales. “Lo que producimos, tiene que ser para mercados lejanos, como Estados Unidos y América Latina, ya que no podemos exportar a nuestra convulsionada región”, dice nuestro interlocutor.

Arye Kohavi nos recibe en las oficinas de esta empresa. Es el CoCEO de Water Gen, empresa líder en la generación de agua, que nos explica cuáles son las claves de este negocio revolucionario. Se trata de uno de los 100 pensadores globales del mundo y uno de los máximos innovadores a nivel mundial.

“El aire limpio entra a nuestro sistema de intercambio de calor donde se deshumidifica, el agua es removida del aire y es recogida en tanque de recolección, dentro de la unidad”, asegura el directivo quien señala que la iniciativa tuvo como motor principal el deseo social de suministrar ayuda a las comunidades sin agua y también a los soldados israelíes en los frentes de batalla.

“El agua pasa por un sistema extenso de filtración de agua que la limpia de posibles contaminaciones químicas y microbiólogicas”, señala. “El agua limpia purificada es almacenada en un tanque interno de agua que se mantiene continuamente preservada para mantenerla con mucha calidad con el paso del tiempo”, cuenta Kohavi, hijo de una argentina y un israelí.

Water-Gen fue elegida en el puesto 21° entre las empresas más innovadoras del mundo, a raíz del desarrollo de esta inédita producción. En Israel, hasta hace 15 años eran extremadamente cuidadosos con el empleo del agua. Comenzaron a purificar el agua del Mar del Galilea. Actualmente, este país es rico en agua y puede establecer vínculos comerciales con cualquier país del mundo, a excepción de sus vecinos.

Además, señalan aquí que la producción de agua israelí permite realizar intervenciones de ayuda en catástrofes mundiales donde es fundamental la tarea de asistencia con agua potable. Water Gen fabrica máquinas portátiles que extraen agua potable de la atmósfera y purifican fuentes de líquido existentes.

Pero no es el único aspecto revolucionario de la producción de esta start-up. Algunos números lo confirman. La Organización Mundial de la Salud indica que 780 millones de personas no tienen acceso a agua limpia, y casi 4 millones mueren cada año debido a enfermedades transmitidas por el agua.

Esta empresa israelí cree que puede jugar un papel importante en aliviar la crisis. A las pruebas nos remitimos: tiene presencia en India, Vietnam, Brasil, entre otros países.

Nos quedan unas horas antes de volver a Buenos Aires. Como debe ser, la despedida se produce en el Mediterráneo, mirando el horizonte de mar y con el bolso cargado de nuevas aventuras para compartir.

Por Guillermo Panizza | @guillepanizza